Distinguido extinguido

Llámalo estilo.
Llámalo clase.

Llámalo distinción.

Todo es relativo.
Aunque también hablo de moda y cultura. De costumbres y maneras de vivir que observo en esta época…

Ya no te distingue un traje con zapatillas. Ya no te distingue una camiseta pintoresca.
Ya no te distingue un corte de pelo llamativo.
Ya no se distingue fumar ni beber socialmente.
Ya no te distingue llevar ropa de marca.
Ya no te distingue hacer un desnudo.
Ya no te distingue ser moderno o clásico.
Ya no te distingue nada y al mismo tiempo te distingue todo.

Lo único que me convence cada vez más es una cosa.

Una sola cosa.

En los demás y en mí mismo.

¿Te digo qué?

La integridad.

La coherencia.

La coherencia del aspecto con las maneras. La consistencia de la imagen con la conducta. La integridad de valores, creencias, pensamientos, palabras y acciones de una persona o grupo de gente. Asociaciones, empresas, corporaciones…

El poder de alinear todo lo que pareces con cómo te comportas. ¿Lo has observado? Es una cualidad muy valiosa. Y si observas con más detalle, menos escasa de lo que en un principio pueda parecer.

Tremendo ejercicio de autocrítica y distinción.

¿Te atreves?

Puedes diferenciarte cultivando la coherencia y congruencia. Porque la escasez de valores y el exceso de individualidad nos está desconectando de lo auténtico. Eso que te distingue de verdad. Para bien y desde la verdad.

Pasa un buen día, distinguida cabeza pensante ;)

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P. D. – Gracias por tu atención. Todavía no he dado el paso desde escribir a diario en mi blog hacia escribirle a diario a mi lista de correo privada. Ya veremos, que decían dos ciegos…
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Reyesclavos

Un poco complicado.
Somos reyes y esclavos.
No son extremos.
Es lo que somos.

En algún punto intermedio.
En este tiempo y este lugar.

Ni lo uno ni lo otro, y
todo a la misma vez.

Esclavo de la familia.
Esclavo del sistema.
Esclavo del trabajo.
Cabeza de ganado.
Obediente social.

Y al mismo tiempo…

Director de mi vida.
Jefe de mi voluntad.
Responsable de mí.
Cabezal de familia.
Caballo de fuerzas.
Potencialidad pura.
Pavo real de la casa.

Rey de mi casa.
Esclavo social.

Príncipe y libre.
Prisionero total.
Encerrado vital.

La ilusión de mandar.
Ser lo más individual.
Nunca lo tendré todo.
Pero moriré por ello.

Me gusta soñar.
Mirando pafuera.
Esa es la trampa.

Piensa que obedeces.
Y piensa que mandas.

¿Qué es lo que tienes?
Lo único claro es vida.

P. D. – Lista de correo:
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Hacia dónde miro

Voy por la calle. Camino por la ciudad.

Me gusta pasear.
Moverme tranquilo.

Pero algo me inquieta.

¿Estoy mirando bien?
¿Voy en buen sentido?
Por la vida, digo…

No sé si tengo que mirar hacia la guardería desde la que se oyen todos los niños llorando o hacia el geriátrico donde veo a todos los mayores aparcados.

También puedo mirar hacia los niños que juegan alegres en el parque y hacia los ancianos que pasean acompañados.

No sé si tengo que mirar hacia la gente que escupe por la calle o hacia los que no saben circular ni con el coche ni con el patinete.

También puedo mirar hacia los árboles, hacia las personas con ganas de vivir y hacia el sol que sale cada día, como el espíritu de una ciudad con ganas de luchar sin descanso.

No sé si tengo que mirar hacia el suelo lleno de basura o hacia el cielo lleno de pájaros.

Esa es mi duda y mi poder.

Debo mirarlo todo.
Para tener más perspectivas con las que jugar. Para cuando no vea salidas. Para ejercitar mi flexibilidad mental. Para mejorar mi capacidad de cambio de opinión.

Es bueno mirarlo todo.

P. D. – Llevo un mes publicando cada día. Me siento muy cómodo con el experimento. También puedo seguir esperando y pensando qué hago con, por y para mi lista privada de correo…
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Pasa un buen día y mira hacia otros lados ;)