Vales tu valor

Fitetú.
Olvidé que soy.
Olvidé que todo lo que soy simplemente es. Que nada es bueno ni malo.

Aceptación.
En eso sigo andando.

El valor.
Valiente.
Lo valioso.
Lo que vale.
Lo que vales.
Lo que valoras.
Lo que aportas.
Lo que te aporta.

Reconoce lo valioso de tu vida pasada, presente y futura.

Puedes usarlo para lo que quieras. Es tu vida y tu propia visión sobre lo que eres y lo que pretendes llegar a ser. Aunque no lo consigas. Es tu vida y sin tus metas.

Ser mejor persona, mejor profesional o mejor familiar.

Abraza tu visión y tu vocación, tu meta y tu propósito.

Desde tu valor.
Desde aceptarte.

Vales porque eres.
Y lo que se dice ser, ya eres.

Todas las emociones son importantes y merecen ser sentidas, aceptadas y expresadas. Unas más y otras menos placenteras.

Pero ahora no tengo espíritu de desarrollo a gran escala. Por eso me quedo con la sensación de que valgo.

Vale la pena seguir.
Aprendiendo a vivir.

Que la vida vale eso.
La vida vale alegrías.
También despedidas.

Me quedo con todo.
Después lo soltaré.
Lo bueno y lo malo.
Algún día marcharé.

Mientras tanto, soy.
Aquí estoy. Y viviré.

Vive un buen día ;)

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P. D. – Para apuntarte a mi lista de correo, todavía inactiva:
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Feliz sí o sí

Dices tú de la felicidad.
Como cada cual le da un significado, es imposible estar de acuerdo. Al menos eso es lo que me parece. Se trata de un tema demasiado hablado y poco estudiado.

Yo cultivo la alegría, aunque tenga días malos. Practico la risa, aunque me sienta triste. Procuro cuidarme para mi salud, aunque enferme alguna vez. Me preparo para manejar el sufrimiento, para que sea dolor y no hacerlo malestar. Elijo promover mi propio bienestar, aunque pueda estar mal de vez en cuando. Pero todo eso no basta. Está bien, pero no basta.

No sé si me explico.

Puedo ser feliz, aunque me pasen cosas malas.
De hecho, debería ser feliz incluso cuando me ocurran circunstancias negativas.

¿Cómo es eso?
Porque mido esa felicidad en proporción a mis propósitos de vida y a mis logros conseguidos. Eso es porque la historia que me cuento de mi vida me vale. Me convence lo que creo que soy, lo que me gustaría ser y lo que me dicen que aparento ser.

Mi felicidad no se consigue sin más.
Necesito un propósito y un sentido.
Mi felicidad no es lo que me pasa.
Porque si llega no es algo pasajero.
Contiene un placer no momentáneo.
Requiere hacerme algunas preguntas.
Alcanzar un estado más allá del ahora.

¿Para qué estoy en esta vida?
¿Qué quiero de mi existencia?
¿Qué espero y deseo para mí?

Dinero, legado, presencia, relaciones, relevancia… llámalo éxito o llámalo motivación. Llámalo como quieras. Esa es tu responsabilidad. Descubrir o decidir quién eres y a dónde vas. Por eso siempre digo que hay que estudiar para vivir. Yo sigo estudiando.

P. D. – Escribir me está ayudando a expresarme y conocerme un poco mejor. Y todavía no sé hasta dónde voy a llegar con este proyecto. El tiempo y los pasos lo dirán.
Aquí te puedes apuntar a mi lista privada de correo. Todavía no les he enviado nada. Ya se verá… https://antonreina.activehosted.com/f/1

Suerte de muerte

Maemía.
Dices tú de la muerte.

Ayer me dolió la cabeza.
Que no me suele ocurrir.
Nunca había dolido tanto.
Lo pasé tan mal de dolor,
que pensé realmente morir.
Jamás me dolió tanto ni así.

Pensé que estaba preparado.
En realidad me he asustado.
Creyendo marcharme de aquí.
Sin mi tiempo para despedir.

Lo peor era sentir como si la cabeza me fuera a explotar.

En un momento dado, esperando el efecto del analgésico, me acordé de todos los pacientes a los que les duele algo y desde fuera hay quien se atreve a cuestionar lo que ellos expresan a su manera.

No sabía ni cómo colocarme. No podía abrir ni cerrar los ojos. Tampoco podía estar quieto ni moverme. Daba vueltas, me abrazaba y lloraba. En ese momento estaba solo en casa y seguramente por eso me asusté mucho más.

Terrible y desesperante.

Pensé en cómo me iban a encontrar, tirado en el suelo o en la cama, con mis libros y libretas o en el sofá. Fue horrible sentir que iba a tener un mal morir. Sin nadie a quién sonreír.

Y es que ya lo sé. Que no debería temerle al dolor en sí. Lo más raro era pensar que aquel cuadro no me lo esperaba así.

No me gustó sentirme perdiendo la dignidad, porque no había terminado mis proyectos en curso. Además, también sufrí mucho miedo por el cómo me iban a encontrar y recordar. Supongo que todo eso va de la mano del legado tangible y intangible que dejamos. O más bien, de lo que queremos dejar comparado con lo que creemos estar dejando.

Todavía no alcanzo a trascender mejor ese episodio. El dolor se ha pasado, pero queda algo parecido al miedo… Por eso, seguiré observando posibles dignos y síntomas relacionados, y también procuraré estar mejor preparado para cuando me llegue lo que sin duda suponemos que nos llegará.

¿Has pensado en la muerte?
¿La has sentido cerca?

Pasa un buen día y sonríe ;)

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P. D. – Es cierto, urge vivir. No sé qué pasará mañana. Hoy comparto el momento y mañana ya se verá… O no. Chi lo sa?
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