Verdura y escritura

Ni podía ni quería.
Dejar de escribir, digo.
Aunque sea más tarde.

Me pregunto si podría haber terminado más de un proyecto con la energía y tiempo que dedico a estas publicaciones. Seguramente sí.

Por otra parte, simultánea y cualitativa, también hay otros beneficios intangibles de escribir a diario.

Estoy leyendo más.
Me vuelvo más consciente.
Y prudente, porque no sé casi nada.
Dudo más de todo, porque casi nadie tiene la verdad.
Me doy más cuenta de mis hábitos en general, pues tomo notas cada día.

Y otra dimensión más que he descubierto es el feedback que recibo de quienes me leen. Aunque sea de vez en cuando. Aunque no me lean cada día. Pero sí me siguen. Por eso estoy creando mi lista de correo, para escribirle a quien se apunte.

Reconozco que todavía no me he atrevido con la lista, pero ya va siendo hora de empezar. Allí contaré por qué.

Escribir es un buen hábito.
Al menos para mí.
Como comer más fruta o aprender a cuidar mis finanzas.
Quiero seguir, aunque no sepa hacia dónde me llevará.
Supongo que en última instancia, eso de compartir es como publicitarte. Para vender escritura. Para vender entretenimiento. Para vender reflexiones. Para vender filosofía. Para vender poesía. O para ponerlo en oferta, vamos.

Lo más importante no es la venta, sino la creación.
Más que una tienda, me interesa crear unos hábitos.
Me estoy enamorando de los procesos creativos.
Y me encanta la idea de incluirlos en mi día a día.

Bien, te dejo vivir el domingo.
Disfrútalo como mejor sepas o puedas.
Te deseo mucho bienestar, más allá del sufrimiento mundano.

Mi lista, por cierto, sigue creciendo y te lo digo con una sonrisa:
https://antonreina.activehosted.com/f/1 ¡Hasta pronto!

Vida venida

Soy vida. Aquí ahora.
Vida organizada.Por dentro.
En mí.

Lo olvidamos.
Somos vida.
Vamos viniendo.
Venimos yendo.
No sé.

Solamente vamos.
Tal vez.
No volvemos.
Nadie sabe.
Casi nadie.
Casi nada.

Me concentro.
Lo siento.
Me observo.
Lo aprecio.
Me detengo.
Lo agradezco.
Me empodero.
Lo celebro.
Me encuentro.
Lo presencio.

Soy células.
Soy moléculas.
Soy unidades.
Todas unidas.
Todo reunido.
Todos unidos.

Aquí ando.
Explorando vida.
Concentrado observando.
Apartado meditando.
Solo pensando.

¿Sabes cómo?

Eliminando límites.
Quitando barreras.
Todo es.
Todo existe.
Todos somos.
Todos existimos.
Sin fronteras.

Ya paro.
Pero sigo.

.

Buen día.
Un abrazo.
Muchas gracias.

Montaña y balcón

Salgo al balcón. Balcón del halcón.
Me asomo temprano.
Me gusta madrugar.

Con mi café.
Con mi libreta.
Me siento pensando.
Observo el día.
Mirando para arriba.

Observo la montaña.
La más alta.
Veo su presencia.
Veo su estado.
Cada día diferente.
Cada día permanente.

Desde mi terraza.
Respiro ahí sentado.
Miro los árboles.
Miro las nubes.
Miro los edificios.
Miro las ventanas.
También hay palmeras.

Es el horizonte.
Es un reflejo.
Cada día distinto.
Cada vez diferente.

Son las montañas.
Oteo esa línea.
Miro bien lejos.
Sobre la ciudad.
Bajo el cielo.
Está la montaña.

Hay días despejados.
Otras veces nublados.
Puedo ver pájaros.
También hay cielo.
Color de tierra.
Verde del suelo.
Luna y ciclos.
El sol saliendo.
A veces estrellas.
Todo está vivo.

Y respiro tranquilo.
Observo cómo siento.
Escucho mi estado.
Conecto por dentro.
Soy conmigo mismo.

Cuestión de confianza.
Cuestión de referencia.

La montaña firme.
Me da confianza.
Me da seguridad.
Me da calma.

Ella siempre está.
Aunque puede cambiar.
Permanece ahí firme.
Casi sin vacilar.

Me recuerda vivir.
Me recuerda estar.
Me recuerda ser.

Soy alguien asomado.
Sentado mirando lejos.
Café en mano.
Sentado sin más.

Soy alguien vivo.
Una célula respirando.
Que está conectando.
Sin pretender nada.
Sin querer más.

Cabeza bien alta.
Oliendo el cielo.
Oliendo la taza.
No veo límites.
Mis mejores deseos.
Doy buenos días.
Propicio cada día.
Dando muchas gracias.
Compartiendo la alegría.

.

P. D. – Hoy estaba de guardia y me ha vuelto la idea de explorar la vida desde la alegría y el bienestar. Porque el arte también puede ensalzar lo bueno, sublimar el gozo. Me he cansado de lo tremendo, demasiado emotivo y muy melancólico. Hoy prefiero lo alegre a lo bucólico. Levanto los brazos y me cuelgo del cielo.