344. Cuentacuento 4

Y entonces nació el bebé. Impregnado de una niebla mágica. Parecía uno de esos filtros de belleza para las fotos del móvil. Todo estaba rodeado de una nube de paz. Parecía una droga en el ambiente. Su madre lo esperaba desde hacía meses, era más consciente de la situación. Ahora quería tenerlo cerca y descansar. Su padre sabía que venía, pero hasta ese momento no comprendió la dimensión del cambio que acababa de ocurrir.

―Pasé casi toda la noche despierto, mientras dormían ―cuenta el padre de la creatura―, velé sus sueños y lloré a moco tendido. Lloré mucho y les hablé. Aquella primera noche me sentí como no recuerdo haberme sentido nunca. Pensé en la magia de la vida, en mi padre y sobretodo en mi madre. Conecté con ella y reviví cómo se sintieron ellos cuando yo nací. Supe que mi vida había cambiado para siempre. Todo había ido bien y no podía dejar de sonreír. ―¿Qué estaba pasando? ¿Qué había tomado? ¿Por qué se sentía tan bien? Mystères de la nuit

¿Sabes un secreto? La oxitocina es una hormona que produces tú. Ocurre en tu cuerpo y te ayuda a conectar. Te modula, conecta y reconecta. Contigo, con la vida y con los demás. Llámala C43H66N12O12S2 o llámala CHONS. Yo la llamo Fijadora de la Vida. ¿Y sabes cómo se produce? Pues tocando, achuchando, abrazando, animando, agradeciendo, escuchando, aceptando, bailando, gozando, llorando y aliviando. Colorín colorado.

343. Cuentacuento 3

Antoñico era un niño atípico. Su madre dice que era muy consciente de todo; que se daba cuenta de las cosas. Y es que realmente no encajaba en su entorno. Por su sensibilidad, por sus inquietudes menos mundanas, por sus sueños y por su manera de comportarse. Fue muy buen estudiante, un poco tímido e inconformista al mismo tiempo. En la escuela siempre tenía muchas preguntas, aunque nunca desafió a la autoridad.

Durante muchos años sufrió mucho. Porque tenía muchos complejos y conflictos que no sabía resolver. Se culpaba por todo lo malo que le pasaba y se fustigaba por no atreverse a intentar todo aquello que sabía que podía conseguir. Sufría porque no podía hacerse respetar, impedir maltratos e injusticias a su alrededor, disfrutar más de la vida con la gente y construir su propio empleo. Pero nunca se conformó y siempre siguió buscando.

Hasta que conoció su lado oscuro. Hasta que sus ganas de vivir con sentido le llevaron a encontrarse a sí mismo. Consiguió despedirse del sufrimiento convirtiéndolo en dolor. Se reconcilió con su pasado aprendiendo a mirar con otras gafas. Descubrió que la vida es positiva y negativa al mismo tiempo. Se dió cuenta de que no se traicionó, ni saboteó, ni se odió. Simplemente era un niño con miedo. Un miedo que no era suyo, sino impostado, heredado, puesto allí sin más, a su lado.

¿Sabes un secreto? Es mejor aceptar lo que eres y quererte tal cual. Porque desde ahí la vida fluye mucho mejor. Todo es Ferpecto. Parece fácil decirlo. Porque se trata de vivir con un monstruo, pero esa es otra historia… ¿Colorín colorado?

342. Cuentacuento 2

Loli fue una niña muy buena. La menor de 7 hermanos, todos varones. Era muy inteligente, le encantaba leer, ir a la escuela y aprender. Pero su madre casi siempre estaba enferma y ella tenía que quedarse ayudando en casa. Limpiar, lavar la ropa en la acequia, cocinar o traer agua para el aseo de toda la familia, que trabajaba en el campo.

Siempre se sabía la lección. Aunque estuviera semanas sin poder acudir a clase ni abrir un libro. Llegaba siendo la última y rápidamente la sentaban en primera fila. El maestro le decía a sus padres que era muy lista y que debía estudiar para ser maestra o enfermera. Pero ellos eran muy mayores y ante la duda nunca lo permitieron.

Nunca pudo volar. El caso es que creció con muchas ganas de salir, viajar y vivir. Pasó demasiado tiempo encerrada, educada en el miedo, como en tantos pueblos de la época. Y de alguna manera sigue así. Insatisfecha con la vida. Soñando con melancolía. Con el lema familiar de ser buenos y ayudar a los demás.

¿Sabes un secreto? La alegría y la generosidad nunca se apagan. Por eso una sonrisa cuesta poco pero vale mucho. Aunque le cortes las alas a un pájaro, siempre querrá volar. ¿Colorín colorado?