
Ayer te pedí que hicieras un garabato.
Cinco segundos.
Sin pensar.
No sé si lo hiciste. Y, curiosamente, tampoco importa demasiado. Lo importante es otra cosa.
¿Por qué dejamos de hacer garabatos?
Si observas a un niño pequeño, descubrirás que no dibuja para impresionar a nadie. Dibuja porque sí. Porque el lápiz se mueve. Porque el papel estaba allí. Porque crear es tan natural como correr o reír.
Luego ocurre algo. Alguien te pregunta:
—¿Qué es eso?
Y, de pronto, sientes que has de responder.
Más tarde llega otra pregunta:
—¿Está bien hecho?
Y esa sí que hace daño. Porque desde ese momento empezamos a dibujar para acertar. Para «hacerlo bien». Para que guste…
Tengo una sospecha.
Quizá los garabatos llevan siglos intentando decirnos la misma cosa:
que la mano sabe jugar mucho antes de que la cabeza empiece a juzgar.
.
No creo que los garabatos escondan mensajes secretos. Ni que revelen el futuro. Ni que expliquen quién eres. Pero sí creo que recuerdan algo que habíamos olvidado.
Que crear no empezó como una obligación.
Empezó como un juego.
Y quizá por eso nos cuesta tanto volver. No hemos perdido la creatividad. Hemos perdido el permiso.
Hoy quiero proponerte un experimento muy sencillo. Coge un papel. Haz un garabato durante un minuto.
Cuando termines, no lo rompas. No lo mejores. No lo enseñes. Déjalo sobre una mesa y sigue con tu día. Esta noche vuelve a mirarlo.
Solo una pregunta.
¿Te juzga más tu garabato… o tu propia voz?
Mañana quiero hablarte de esa voz.
La que consigue que un adulto diga, con toda naturalidad:
«Yo no sé dibujar.»
Y cómo, casi siempre, esa frase no habla del dibujo.
.
Un abrazo,
de este artista inútil.
.
Posdata 1: Si te resuena algo esta carta, escríbeme y me lo cuentas.
Posdata 2: Hablo de arte y salud en mi canal https://youtube.com/@antonreinatv
Posdata 3: Estoy escribiendo aquí estas cartas de un artista inútil)))
.
anton)))