Cuento un cuento uno

¿Un cuento?
Sí, es que estoy de prácticas.
Siempre estoy de prácticas.

Estoy aprendiendo a contar cuentos.
A ver qué me sale.
Así, sin calentar.

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Érase una vez un enfermero padre de familia con inquietudes artísticas.

Todos los días cumplía con sus responsabilidades domésticas y profesionales.
Pero siempre sentía cierta insatisfacción que no sabía cómo calmar.

Un día, decidió hacer algo más por sí mismo y empezó a escribir.
Como eso ya lo hacía de vez en cuando, se propuso publicar sin parar.
Aquello en sí, aunque era muy simple de llevar a cabo, lo enfrentaba a tantos miedos que le hacía sentirse vivo.

Y poco a poco fue asentando un hábito diario. El de compartir esas ideas que siempre fluían por su cabeza. Esas que aparecían cada vez que leía algo interesante o investigaba sobre casi cualquier tema.

Finalmente se dio cuenta de una cosa.
Aquel gesto no era más que una pequeña gran parte de su bienestar. Un requisito para mantenerse vivo. Un paso adelante necesario en su vida.

Porque escribir le ayudaba a pensar. Lo mantenía consciente y alerta, en conexión con muchos mundos y muchas dimensiones. Era como mirarse al espejo y aceptar un vacío existencial de donde todo emana. Escribir era una llave para su bienestar, que le ayudaba a elaborar su propia narrativa personal.

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P. D. – Disfruta de tu propia historia.
Recuerda que eres mucho más que cada relato que te cuentas. Tienes infinitos mundos existiendo al mismo tiempo, formando parte de tu vida. Escribir es una herramienta para el ser. Como casi todo empieza, se anuda y se desenreda; intentar contarlo es uno de los trucos para deshacer nudos. Te lo recomiendo.

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Codifica y cosifica

Hola.

Hoy he pensado muchas cosas.
Tengo que tener cuidado.
Me quedo con pocas.
Que no me vean.
Seré un loco.
Da miedo.
Pensar.
Digo.

Espero que estés bien.
Que mi correo no oscurezca tu día.
Prefiero no hablar de malestar sin necesidad.

¿Cómo es la vida?

Odio.
Guerra.
Maemía. Hay mucho odio.

También hay amor.
La vida incluye ambos.

Así vemos la vida.
Como nos la cuentan.

Cada día más odio.
Peores maneras.
En la tele y en la calle.
Tenemos que compensar.

Nuevos códigos. No tan nuevos.
Deshumanizar.
Codificando.
Cosificando.

Como si alguna vez hubiera existido algo llamado humanidad. Nada más allá de un amasijo de grupos de personas que se pelean por imponer sus creencias. La humanidad es una utopía. Se supone que esa idea nos guía e inspira para ser mejores. Más amables, más solidarios, más generosos, más cooperativos y cooperantes. En definitiva, más virtuosos y humanos. Como si el ser humano se pudiera poner la medalla de ser bueno solamente para calmar su angustia existencial. Tener humanidad es ser mejores. Superioridad moral. El caso es mandar. Tener razón. Llevar el sombrero de los buenos.

¿Y cómo se usa esa idea?
¿Cómo la aplica la gente?
¿Cómo pasan a la accion?
¿Cómo es que degenera?

Pues cambiando el código. Codificando.
Manipulando el lenguaje. Deshumanizando.
Mental y materialmente. Cosificando.

Deshumanizando a quien no me baila el agua.
Cosificando al enemigo, que es el malo, claro.

Código inhumano.
Código cosa.

Así me libero de la responsabilidad y la culpa.
Es normal deshumanizar algo que no es humano.

Soy dueño de cómo respondo al mundo y a los demás.
Soy responsable de ser más o menos humano. Es una decisión. Ser bueno o ser malo. No vale ponerse la corona de los buenos y hacer algo malo a los que no piensan como yo. Ahí está la clave. No caer en el insulto ni la desvalorización. Explorar la comunicación no violenta. Aunque a veces la necesites para defenderte.

Por salud mental.
Reconoce ese proceder.
Y aléjate cuanto puedas de él.

Espero que no necesites usarlo.
Por tu bien. Para defenderte.
Pero ya lo sabes.
Ahí está.

Y aquí está mi lista.
A la que sigo dando vueltas.
Para cuidar y saber mimar.
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Espero que tengas un buen día.
Y no te desconectes de ti.
Que no eres una cosa.

Camino canino

Dices tú de los perros.
No tanto las mascotas, en general. Los perros. En particular. Más concretamente, los que viven en ciudad.
El otro día.
Voy por la calle.
¿Y qué supones que vi?
Eso mismo.

Un paseador de perros.
Señor con muchas correas,
rodeado de cánidos.

Paseador de perros.
En plena acción.

El camino del canino.
Paseador caminando.
Manada amarrada.
Comitiva llamativa.

Total.
Como siempre.
Pienso de todo.
Mil ideas me vienen a la cabeza. Y me quedo con algo.

La idea del cuidado.
En la cultura y la gente.
De quién nos ocupamos.

Esta sociedad cuida, mejor o peor, de sus perros y animales.

Mejor o peor, cuidamos de nuestros viejos monumentos y, más o menos también, de nuestras personas mayores.

Eso dice, más o menos, sobre lo que más o menos somos, en el sentido de responsabilidad.

¿Y eso es todo?

Claro que no.

Porque cuidar no es solamente dejar a cargo de otro. Ocuparte es mucho más que eso. Sin embargo, el ritmo de vida y los horarios que tanto esclavizan, nos arrastran a un estado de cierta desconexión.

Y cuidar, al mismo tiempo, requiere de una singular manera de asegurarse que siempre haya alguien pendiente de darle lo básico al animal doméstico, al anciano dependiente, al edificio histórico, al niño pequeño… Aunque no seas tú quien se encargue personalmente.

Hay que reconocer que eso es también cuidar. Aunque sea un poco más impersonal.

Entonces, cuando nos limpian, mantienen y entretienen, también nos están cuidando como ciudadanos.

Limpieza urbana,
recogida de basura,
alumbrado público,
red de agua potable,
de riego y desagües,
alcantarillado y fecales,
organización de festejos,
alimentación y vestidos,
zonas de paseo y parques,
salubridad de la calle,
seguridad y protección,
asistencia sanitaria,
y ya paro, porque paro…

Bueno.
Hay más.
Suficiente por hoy.
Nos cuidan.
Bien.

¿Y cómo respondemos?

¿Sabemos dejarnos cuidar?
¿Facilitamos esa atención y servicios que se nos intentan garantizar para nuestro bienestar?
¿Acaso no somos ese niño o ese anciano rebelde que se lo pone difícil a sus cuidadores?
¿No seremos un poco como ese perro que se pelea con los demás y le da guerra al paseador canino?
¿O ese monumento artístico que cuesta mucho mantener por su tamaño y localización?

No sé.
Hoy me sentía un poco responsable de saber dejarme cuidar. Es una idea muy superficial. Ya se profundizará.

Pasa un buen día.
Cuida lo que te toque.
Disfruta de tus servicios.
Déjate cuidar también.

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