No sé casi nada


¿Qué es real?

Lo real es lo que ves. Lo que pasa por tu cabeza. Lo que sabes. Lo que piensas y lo que vives. Lo que crees como creencia y lo que creas como creación. Es un tema complejo. Conlleva tanta filosofía como rebeldía. Contiene tanta ciencia como conciencia. Comprende tanta cultura como intuición. Consiste tanto en conocimiento como en consciencia. La verdad ha de ser creída o vivida. Depende del punto de vista.

Eso pasa con Internet. Una red tan poderosa como invisible. Una conexión que no existe para quien no la usa o para quien no sabe navegar. Ni para buscar información. Ni para encontrar personas. Ni para saber de quién fiarse. Ni para diferenciar en qué confiar. Si no tienes acceso, eres un salvaje digital. Si no lo sabes usar, eres una persona analfabeta digital.

Internet no existe para la mitad del planeta. Eso es una brecha real. De conocimiento y de consciencia. Eso divide la realidad. Además del acceso a internet necesitas tener criterio para clasificar la información. Para saber qué datos son de confianza. Eso es otra brecha real. Cómo te informas.

Hay más. Puedes conectar con mucha gente desde tu teléfono. Cada uno de tus contactos forma parte de muchas corrientes de pensamiento. La manera de ver los mismos temas también dependerá de cada persona. Nuestra manera de interactuar creará más brechas o las destruirá… ¿Qué opinas? ¿Cómo interactúas? ¿Cómo te comunicas?

Menos móvil y más calle

Interactuamos online y offline. Aquí en Internet la mayoría estamos en alguna red social. Para escuchar, para compartir, para enseñar, para aprender, para ayudar, para criticar, para buscar o para intentar influir en los demás. Es igual que fuera de internet. Todo lo que hacemos es interactuar. Interaccionar con otros. Escribiendo, dibujando, hablando, fotografiando, comentando o compartiendo. Actuamos por interés propio o ajeno. Da igual. Todo es lo mismo.

Lo único que cuenta es lo que tú quieras. Eso que tú quieres que importe. El sentido de tu vida. El que tú le das. El que te parezca más apropiado. A mí me parece tan importante lo que vivo y hago cada día en persona como lo que sucede digitalmente. Es una dimesión paralela. Son presencias que reflejan nuestra identidad real. Son máscaras de la misma marca.

Relación conmigo y relación contigo

Yo primero. De dentro a fuera. Intento trabajar la conexión conmigo mismo. Mediante el silencio, la respiración o el contacto con la naturaleza. Cada cuerpo nos pide una cosa… Conócete. Pregúntate. Obsérvate. Pregúntate. Escúchate. Créete…. Déjate llevar por lo que dice tu instinto. Confía en ti. Acéptate y quiérete. Tan fácil y tan difícil como eso.

Después estarán los demás. Tu relación con el mundo. Todas las relaciones se cultivan. Interactúas según te sientes contigo. Unas veces reaccionas mejor y otras peor. A veces prefieres culpar a cualquiera antes que asumir la responsabilidad de tu propia autoestima, autoconcepto y ánimo. Es una cuestión de armonía, resonancia y coherencia.

https://www.ramonramon.org/blog/2018/11/05/redes-sociales-en-numeros-que-tanta-gente-en-el-mundo-las-usa/
  • ¿Con qué resuenas en la vida?
  • ¿Con quién resuenas online?
  • ¿Eres coherente contigo y los demás?
  • ¿Qué buscas o has encontrado?
  • ¿ES INTERNET UNA BRECHA REAL?

Luna de lunático

Corazón campo de batalla antonReina

Mi corazón es un campo de batalla… Y no es que esté dividido, sino que está agitado. Hace años que debería haberme puesto serio. Hace años que debería haber cortado las faltas de respeto, los maltratos, la denigración y las salidas de tono que vivo/veo/bebo cada día. Debería haber destapado ese melón, por muy sutil, exagerado o subjetivo que hubiera podido parecer.

Ya no importa. Es aquí. Estoy ahora. Hacia el exterior me toca reconocerlo. Personalmente. Profesionalmente. Dignamente. Asumir responsabilidad. Hacer lo que corresponda. Ni más ni menos. Ya está. Hacia el interior es otra cosa. Eso me importa más. Mirarme al espejo y ver más allá. Reconocer lo que no se ve, ni se oye, ni se sabe explicar… pero se siente. Toca sacar el lado oscuro. Esa parte mía que no es mala, aunque parezca menos buena. Mi lado sino menos conocido, incluso por mí mismo: La emoción. Mi estado emocional. Lo que siento de verdad.

¿Qué emoción me quita el sueño?

Vamos a explorar usando una técnica de pensamiento+ autorretrato . Hablo de mi parte oscura, la que está escondida. Ese lado secreto que suelo guardar. Es una dimensión oculta que necesito expresar. No sé cómo será ahora: Rabia. Odio. Ira. Pasión…

Es rabia. Está luchando por salir. Como una olla a presión. Necesito una válvula de escape. Para evitar más daños internos y externos. Porque afecta a cómo me siento, cómo pienso y cómo actúo. Duele, bloquea, frustra. Da miedo dejarla fluir, por si después no la puedo controlar… Pero las emociones son como el agua, y el agua se evapora.

¿Cómo explota una olla a presión?

  • Porque no resiste el cuerpo material..
  • Porque no funciona la válvula de seguridad..
  • Por seguir aumentando la temperatura..
  • ¿Algo más? Da igual.

Prefiero no explotar sin sentido.

  • Podría inmolarme y destrozarlo casi todo.
  • Podría avisar del peligro y pedir ayuda.
  • Podría darle más caña a la válvula de escape, no sé cuánto más resistirá, ni hasta cuándo, ni para qué sirve tanta resistencia.
  • Podría alejarme de la fuente, alejarme de lo tóxico, alejarme de lo problemático, alejarme de esas personas y situaciones que desencadenan malestar.
  • Lo más fácil será alejar esa olla del fuego.
  • Lo difícil ya ha ocurrido: la materia ha transmutado.

Cambio de planes 2018

Tener la playa cerca me ayuda a vivir el verano como siempre había soñado. Estar cerca del mar en verano me ayuda a sentir que estoy vivo. Es decir, conectado con algo que no se puede ver. Naturaleza, planeta, espíritu... no sé cómo llamar a La Vida.

Cada año me pasa lo mismo. Es algo cíclico que me pide el cuerpo y la mente. Durante la gran fiesta del fuego santo y divino, que suele brillar más durante julio y agosto, necesito reconectar con mi propósito. Me refiero al por qué vivo y también al para qué quiero vivir.

Es así y ya está. Lo intento justificar diciendo que si la luna me influye bla, bla, bla… porque soy bastante lunático bla, bla, bla… que todo está relacionado bla, bla, bla… somos bolitas de luz brillando entre dimensiones bla, bla, bla… o que como soy muy metafísico bla, bla, bla… pues me disperso en el camino de ejecutar cualquier proyecto o emprender cualquier negocio.

El sentido de la vida. A eso se reduce todo finalmente. Al significado que le damos a nuestra vida. A lo que creo que soy, de dónde vengo y para qué estoy aquí. En este mundo. Para qué sirvo o para qué quiero valer. A quién sirvo o para quién quiero servir. Cuál es mi misión… Algo que tiene tanto de búsqueda y aventura como de decisión e imaginación. Ahí reside el verdadero bienestar. En eso que me hace sentir bien de verdad. En para qué creo que merece la pena vivir.

Cambio de planes

Estaba haciendo un ejercicio de reflexión y escritura, para intentar expresar cómo me siento aquí y ahora. Mirando atrás, hacia todo lo que he vivido. Pensando adelante, preguntándome hacia dónde me gustaría orientar el resto de mi vida. Y de pronto me he dado cuenta de que vengo viviendo mal enfocado durante los últimos 10 años.

Era al revés. Pensaba que tenía que puntuar mi satisfacción con lo que tengo, describir lo que necesito mejorar y establecer un plan adecuado para lograrlo. Y resulta que ya acepto casi todos los aspectos de mi vida. Me siento satisfecho y orgulloso de cómo soy. Acepto todos mis fracasos, pasados y presentes; mi sufrimiento, anterior y actual; mis heridas, abiertas y cerradas. Me ha costado toda una vida llegar hasta aquí. Con todo lo bueno y lo malo. Cada uno sabe lo suyo. No deberíamos juzgar nada. Es fácil criticar a otros. Lo difícil es mirarte y asumir tu vida. Aceptarte y disfrutarte. Amarte así. Sin más. Porque sí.

Mi trabajo ideal. Mi mayor insatisfacción la siento en el aspecto profesional laboral. Soy enfermera. Amo mi profesión, aunque detesto mi trabajo. Prefiero promocionar la salud, desde la salud, a formar parte del negocio de la enfermedad. Me gusta mucho la gente, aunque odio al ser humano cuando es despiadado, caprichoso y malcriado. Me siento bien ayudando a la gente y me dejo seducir por sus historias. Disfruto mucho cuidando y he decidido formar parte de una revolución humanista que ya está ocurriendo. Esa es mi misión.

Finalmente he comprendido que es al revés. No se trata de intentar montar un negocio (que ya me ha ocurrido varias veces) y en caso de fracasar (que también me ha ocurrido otras tantas) volver al plan B de rescate, que era trabajar de enfermero. Nada de eso… ¡Es todo lo contrario! Acepto que ya tengo un trabajo y disfruto la vida, porque gracias a él puedo pagar mis facturas y sobrevivir dentro del sistema. Sin embargo, ahora mi plan B es intentar llevar a cabo esa misión humanista. Desde mi plan A. Desde dentro del sistema político, moral, económico y estructural en el que vivimos los supuestos afortunados del planeta. Mi propósito es crear un negocio con el que me sienta bien conmigo mismo, como herramienta para aportar algo bueno al mundo.

¿Ideas? ¿Propuestas? ¿Te animas?