
Rabia y rencor tienen mucha fuerza. Parece que te cargan de energía. Llaman mucho la atención cuando los expresas. Hacen mucho ruido de entrada. Pero también te debilitan cuando te mantienes ahí. Porque hacen que vuelvas a sentir el dolor. Cuando te aferras desde la mente, no sirven de nada. No aportan. Te debilitan. Tu salud se resiente. Tu cuerpo, tu mente y tu gente se resienten. Concédete expresarlos. Enfádate y después observa. ¿Qué te queda tras el rencor? ¿Qué obtienes al mantener tu resentimiento? ¿Sabes expresar esa rabia?
Rabia y recor te curan y te debilitan. Te pueden impulsar para avanzar. Como la pasión, la compasión o la idea de justicia. Te pueden incitar a querer controlar a otros. Pueden impedir que te comuniques. Intentando protegerte. Pueden hacer que no enfrentes tus miedos y penas. Pueden cargarte de razón, aunque no la tengas. Te pueden hacer sentir víctima culpando a otros. Te pueden eludir de la responsabilidad de tu vida y tus sentimientos. ¿Para qué te enfadas? ¿Sabes canalizar tu agresividad?

