Señas y reseñas

Dices tú de la gente.
De los comercios.
De las empresas.
Clubes y asociaciones.

Veo que piden referencias.

Muchas.
Más que antes.

Para ellos.
No para ti.

–Déjame una reseña.

–Ponme un comentario.

No sé.
Pensaba que las gracias se dan, y no se piden. Los cumplidos se daban, y no se pedían. No sé…

Últimamente me lo piden mucho. En muchos sitios. No sé si será una casualidad.

La tienda de vinos.
La floristería.
El centro de yoga.
La barbería.
El restaurante.
Me lo dicen.

Incluso la panadera.
Me lo dice.
Incluso en algún organismo público. Me lo han dicho.

–Déjame una reseña en gúguel.

–Ponme algún comentario.

–Y que sea bueno, ¿eh?
Que luego lo reviso.

Anda.
Sin porfavor.

¿Será que están despertando al intenné?

Será que ya nos van afectando más las estrellitas y los corazones o las caritas que nos ponen en el Google o en las redes sociales digitales.

Será que esa dimensión paralela está madurando.

Será que se empieza a tener más conciencia de servicio y trato a los demás, aunque sea por el interés.

Será por algo.
Como siempre.
No lo sé.

.

P. D. – A mí no hace falta que me des fisback. Pero gracias.

P. D. 2 – Lo agradezco mucho. De verdad. En serio. De corazón. Me da vidilla para seguir adelante.

P. D. 3 – Simplemente intento no depender de ello para seguir escribiendo y publicando mis antoñadas.

P. D. 4 – Prefiero que te apuntes a mi lista privada de correo para que te escriba cuando tenga algo importante que contarte.
https://antonreina.activehosted.com/f/1 ¡Gracias!

Pisto y no visto

Dices tú de la comida.
Cada vez veo a más gente comprando comida para llevar. Al menos en la ciudad. Comida ya cocinada. Lista para comer.

Supongo que es por el tiempo y el espacio de ir a comprar los alimentos y después procesarlos más o menos. Por y para no cocinar.

No lo critico.
Solamente miro.
Observo y pienso.

Muchos tendrán o no familia.
Vivirán solos o acompañados.

El factor común parece ser la falta de tiempo para cocinar. Tal vez un poco de ignorancia y pereza también. Sé de lo que hablo.

Me tomé lo del tiempo como una excusa. Al menos para ponerme en otra pantalla del videojuego. Para buscar otras maneras de mirar mi vida.

Me tomé lo de la pereza como algo que sale caro. Y me tomé el tiempo que le dedico como una inversión. En salud, en energía y en ahorro.

¿Y qué estoy obteniendo?

Mucho más de lo que pensaba. Cada vez mejores sabores. Cada vez mejor control.
Sensación de calidad.
Presencia familiar.
Responsabilidad.
Consciencia.
Ritmo vital.
Y calma.
Unión.

Verduras.
Carne y pescado.
Hortalizas.
Gente y mercado.
Saludos.
Relaciones vecinales.
Perspectiva.
Conciencia terrenal.
Presupuesto.
Cultura de agricultura.
Procedencias.
Ingredientes y procesos.
Frutas y envasados.
Cotidianidad.
Ahí es nada.
Bienestar.

Hay mucha y muy buena materia prima en esta tierra. Los alimentos están vivos y se merecen dar las gracias por lo que nos dan. Energía y combustible. En muchas dimensiones de salud y sentidos de nuestra existencia.

¿Algo malo?

Bueno, no lo es tanto.

¿A qué me refiero?

A lo rápido que te lo comes.
Porque tardas más en preparar que en consumir.

Dedicas tiempo, energía y recursos en algo que se come en un momento.

Por eso.
Por eso le di otra vuelta.

Porque no podía ser.
Tantas madres durante tantos siglos no podían estar equivocadas. Que no es cuestión de modernidad, sino de sentido de la vida.

A lo que vengo hoy.

Que no puedo permitirlo.

No quiero que mi bienestar y mi satisfacción por cuidar el proceso de la cocina dependa del instante en que se la come la familia. Y me dicen o me digo si ha gustado o no.

Solución.

Pensar presente.
Disfrutar del proceso.
Sacarle partido al camino.
Permitirme aprender jugando.
Mimar cada rato que estoy.
Porque ya soy el que soy.
Darme sentido y gozo.

Y ahí sigo.

Buscando el arte en los procesos de cada día. Cultivando el gusto por los hábitos que habitan mis días.

P. D. – Que tengas un propicio día para tu bienestar.
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Hierba que hierve

Dices tú de los recuerdos.
Sorprenden al aparecerse.
Como si fueran mágicos.

La mente, la memoria.
Sensores percibiendo.
Análisis del momento.
Asociaciones adentro.

Conduciendo por la ciudad.

Ventana del coche abierta.
Huele intenso, muy familiar.
Parece hierba recién cortada.

Es lógico, supongo.
Veo jardines cerca.

¿A qué me recuerda eso?
¿Hasta dónde me lleva?

Conduzco y me transporto.
Directo a otra dimensión.
Allí también olía a yerba.
Era el corral de mi tío.
Antonio tenía ovejas.
Paja. Yerba cortada.
Olores profundos.
Leche. Borregos.
Caca de basura.
Lana. Pulgas.
Olor animal.
Huele vida.
En coche.
A solas.
Estoy.
Allí.
Yo.

Conduciendo por la ciudad me acabo de teletransportar.
Ha sido un instante. Una ventana a otra dimensión.

Olores que evocan momentos y escenas. Otros tiempos. Otras circunstancias. Otros lugares.

Intensos olores a hierba.
Recuerdos que hierven.
Memoria que me lleva.

Con la ventana abierta del coche me ha venido a la mente un intenso recuerdo a ganado, como el que tenía mi tío Antonio. Olía a hierba, con ovejas, pulgas, paja, lana, basura y caca.

Todo junto.
Como la vida misma.

Pasa un buen día.

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P. D. – Para apuntarte a mi lista de correo, todavía inactiva:
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