Prisa, misa, brisa y risa

Dices tú de la risa.
Hace falta más risa.

Llevamos mucha prisa.

Deberíamos cambiarlo.

La dirección del viento.

Aunque fuera una brisa.

Ir a risa como quien va a misa.

A diario o cada semana.

Generar tu risa y respirar.

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Una de las antoñadas que hice entre olas de pandemia fue formarme en Yoga de la Risa.

Sin chistes, ni bromas, ni comedia, ni humor. Incluso sin sentido del humor.

Ejercitas la risa jugando.
Y la simulada se convierte en real,
auténtica, verdadera, espontánea.

En un momento.
Cambias tu bioquímica en un momento.
Generas bienestar.
Produces bienestar, alegría, gozo y dicha.

Al principio finjes.
Después te ríes.

Pocas cosas se me ocurren para promover la salud como reír, cantar, bailar o jugar.

Hoy lidero un taller.
Me hace tanta ilusión
como miedo y respeto.

Es un desafío.
Una pizca de arena para crear una playa entera.
Ya te contaré.

Pasa un buen finde.
Muchas Gracias.

.

P. D. – https://antonreina.activehosted.com/f/1

Olor a calor

Dices tú de los bares.

Soy de pueblo.
Allí hay bares.
Son para beber.
Beber de todo.
Café y alcohol.
Mucho bebido.
Muchas bebidas.

Ahora no soy de bares.
Prefiero no fumar.
Pero me gusta el café.
Aunque no hay.
Casi todo es quemado.

Sin embargo,
me gusta observar.

Y cuando paso
por delante de un bar,
tengo que recordarlo.
Es una cafetería.
Aunque tienen bebidas.
Me acuerdo de los bares.

Por la mañana temprano.
Extraño calor. Olor familiar.
Ese sonido de la cafetera
calentando la leche
en el bar de la esquina.

Extraña sensación.
Sentirte familiar
en lugar extraño
lejos de tu casa.

Como con el pan.
Ese olor a horno.
Ese calor casero.
Cafés en el bar.
Olor a café
en el café
de la esquina.
Yendo a currar.

Me pregunto
en qué pensarán.

Sentados en la barra.
Fumando en la calle.
Leche caliente.
Café quemado.
Alguno chispado.

No me atraen, pero los sé disfrutar.
Incluso desde fuera. Hay que gozar.

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Entran y salen

Dices tú de madrugar.

Todo es relativo.
Incluso una misma hora.

Cuando entro al trabajo. Cuando salgo de trabajar.
Entrante de guardia.
Saliente de guardia. Siempre es por la mañana.

A una hora similar.

Suelo entrar a las 7 y poco.
Suelo salir a las 8 y poco.

Entrando, empieza el día.
Saliendo, termina la noche.

Entro con humedad.
Calles húmedas del rocío de la mañana y de los servicios de limpieza de la ciudad.

Salgo con humo.
Mucha gente fumando por la mañana y muchos coches también ahumando el ambiente urbano.

Entro cantando.
Empieza el día.
Con sonido de pájaros matutinos cantando en los parques y árboles de mi camino.

Salgo penando.
Termina la jornada.
Con las luces y la actividad de la ciudad, vuelvo a casa paseando y pensando en descansar.

Paradas de bus con unos pocos que madrugan mucho o vuelven de fiesta.
Autobuses repletos de gente con mascarilla que van al trabajo.

Olor a jazmín y rocío.
Olor a café y churros.

Poca gente, todos mirando su móvil por la calle.
Mucha gente, todos mirando su móvil por la calle.

Voy con ganas.
Llevo las pilas cargadas.
Vengo satisfecho.
Con la batería baja.

Voy pensando en cómo será el día.
Vengo pensando en cómo ha sido la guardia.

Voy esperando lo inesperado.
Vuelvo esperando haber mejorado.

Yendo, procuro una buena actitud para mi servicio.
Viniendo, procuro cultivar mi vida creativa.

Entrando me pongo en modo enfermero del cero. Me toca hacer lo mejor que sepa con lo que tenga en ese momento.

Saliendo me pongo en modo artista reflexivo. Me toca cuidarme y dejarme aprender, para expresar mis antoñadas.

Hago lo que puedo con lo que tengo.
Deshago lo que puedo con lo que soy.

Es como viajar.
Pero en el tiempo.

Viviendo.
Imaginas.
Te mueves.
Te escapas.
Eterno ahora.
Mirando atrás.
Mirando adelante.

¡Propicios días!

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