Búscate una fe

Dices tú de soñar.
¿Tú recuerdas lo que sueñas?

Yo sí. Algunas veces.
Como ayer, que me desperté raro.

Siempre supongo que es un mensaje.
Pienso así para mantenerme alerta.
Para observar detalles y considerar cualquier posibilidad de aprender, revisar o reinterpretar aspectos de mi vida. Me gusta ver cómo un pequeño dato puede darle la vuelta a todo lo que tenía por verdadero. Me gusta lo que me puede aportar una nueva perspectiva en mi propia narrativa de vida. En lo que yo mismo me cuento sobre las cosas que me pasan en mi día a día.
No suelo escribir lo que sueño, pero esta vez me puse a tomar nota sobre lo poco que recordaba. Me gusta cuando lo hago. Aunque me sienta absurdo.

No sé. Me ha dado por ahí. Ahora veo que es difícil sacarle punta…

.

Un suicida.
Lo intentaba y fallaba.
Le faltó cuerda y técnica.
Quedaba demasiado ridículo.
Pero eso no lo puede decir cualquiera.

Esa expresión solamente la pueden usar los que lo sufren en primera, segunda o tercera persona. La clave es sufrir para tener autoridad. Eso parece.

¿Sufrir para tener autoridad en el tema?

Demasiado lógico.
Demasiado absurdo.
Tan lógico como absurdo.

Usaba cuerdas de chorizo e hilos de plástico.

He soñado con un suicida.
Uno que fracasa en su intento.

En el sueño y en la vida real, mi trabajo y mi responsabilidad es atenderle. Pero al mismo tiempo, tal vez alterado por el estrés de la situación, me siento con el poder de enfadarme y guiarlo. Aleccionarlo de alguna manera.

Le trato muy bien. Y de alguna manera también le echo una bronca por el susto que nos ha dado. En especial a su afectada y aterrorizada familia.

Soy el primero en encontrármelo y actúo rápido. Una corazonada me indica que está muy cerca de sus bolsas vacías. Todavía no sé qué significa eso.

Se intenta ahorcar frente a su propia casa y casi toca al suelo. Parece muerto. Pero al tocarle se queja y veo que se había quedado enredado.

.

Ahí queda eso.

No recuerdo nada más.

Solamente digo dos cosas.
Una es que podría ahondar bastante, pero me da un poco de pereza. Porque puedo decir mucho más. Hay tantos aspectos relacionados. Tantos detalles en este relato… que prefiero no hacerlo.

Y la otra cosa es que suelo simplificar. Para bien y para mal.

Tal y como te he dicho, lo resumo así.
Me quedo con una extraña necesidad.
La de contarme a mí mismo un cuento.
Ese del "yo también he sufrido lo mío".

Y me quedo con otra idea.
La torpeza de ese suicida.
Que es aprovechada por mí.
Queriendo darle lecciones.
Con inusual paternalismo.

Aquí acepto cualquier comentario.
Dime lo que quieras, no me asusto.
Me lo pregunto y lo estoy contando.
Puedo responder y seguir buscando.

Ya paro con el sueñecito.
Que ni recuerdo detalles.
Pasa un buen día y ama a la vida.

P. D. – Enlace para apuntarse a mi (por ahora inactiva) lista de correo:

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