Currantes y tunantes

Fiesta.
Trabajo.

Salidas de paseo y salidas para currar.
Salir de juerga y salir a producir.
Salir de parranda y salir a faenar.

Ocio nocturno.
Madrugar para ir a trabajar.
La fiesta es algo que se mezcla con el trabajo.

Muchas mañanas voy a trabajar y me cruzo con gente que vuelve de fiesta. Lo que antes me parecía fiesta, porque ahora no sé cómo definir lo de trasnochar tanto. Bueno.

En otro momento era yo quien volvía a casa al amanecer. Me cruzaba con gente que se iba a trabajar temprano. Entonces no era consciente de la dimensión laboral. Al menos no tanto como ahora. La vida, que te regala experiencia. Y más allá de lo saludable de salir por la noche, estoy casi seguro de que casi todo tiene su parte buena.

Esta mañana he pasado frente a un tipo.
Estaba sentado en el suelo.
Tenía un libro de cerveza en la mano.

De lejos he pensado ‘pobre hombre, ahí sentado, borracho y trasnochado’.
De cerca me ha llamado, ‘hey, amigo’.
Y yo solamente he alcanzado a seguir mi camino, murmurando entre dientes algo así como ‘déjame en paz, imbécil’.

Bueno, en realidad he dicho ‘vete a la mierda, gilipollas’.
Lo cual me lleva a preguntarme por mi reacción de desprecio:

¿Me ha molestado que me quisiera pedir algo?
¿Me daba envidia porque era yo el que iba a trabajar?
¿Era cuestión de vivir y dejarme vivir, que yo no me he metido contigo?
¿Será que simplemente no le conozco y me parece ajeno a mi vida?

Sigo dándole vueltas…

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Trabajos y trabajos

Maemía.
La gente.

¿Hay que aceptar a la gente?

¿A todos por igual?

¿O habrá que ser tolerante con unos sí y con otros no?

Porque a veces me da la sensación de que siempre se aguantan los mismos. Es como si hubiera dos bandos. Unos ceden y otros no. Unos tienen en cuenta a los demás y otros se aprovechan sin escrúpulos.

Deber ser eso de la doble moral.
O que no aplicamos las mismas normas con los nuestros que con los otros. Tenemos un comportamiento con los que consideramos de la familia y amigos. Tenemos otro comportamiento con los que consideramos ajenos o lejanos.

Hay trabajos en los que al compañero lo consideras de tu equipo y hay trabajos en los que al compañero lo consideras un extraño. Y así va la gente. Y así están los ambientes.

Por eso muchos jefes se esfuerzan por crear cultura de equipo. Y lo intentan por las buenas o por las malas. No suele funcionar.

Si los compañeros ya vienen de casa con una u otra actitud, el resultado ya está decidido de antemano. La gente se comporta como es y como sabe.

El tema podría ser que cualquier trabajo será de una u otra manera según con quién te toque estar. Según tus compañeros te consideren tal o no. Por eso debemos conocer las tácticas y estrategias que usan los que se escaquean. Para salir al paso del escaqueador y evitar que abusen de ti. Aunque algunos no saben pararles los pies. Pero esa es otra historia que también hay que abordar.

Pasa un buen día. Me voy a trabajar.

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Ven, veneno, ven

¿Te digo qué?
Ayurveda.

Hace tiempo conocí un poco. Es ese sistema para la salud y el bienestar. Tradicional de la India. Tiene mucho que ofrecer y enseñarnos, por cierto.

En fin. A lo que iba.
Ni a favor ni en contra.

Más allá de extremismos sinsentido, que no aportan nada, me quedé con algo muy interesante.

Una cosa.

Es un principio que se podría usar para evitar posibles efectos indeseados de muchos productos que usamos a diario.

Es una clave para decidir qué usamos sobre nuestra piel y nuestro cuerpo.

Es un concepto que nos ayuda a comprender mejor cómo nos relacionamos con el mundo que nos rodea.

Estamos más impregnados del entorno de lo que pensamos.

La piel es más permeable y protectora de lo que parece.

Una idea.

Ahí va.

Usar sobre tu cuerpo solamente productos que puedas ingerir sin miedo.

Aceites. Cremas. Ungüentos. Aplicaciones. Enjuagues. Mascarillas. Lociones. Jabones. Exfoliantes. Protectores. Dentífricos… Que sean alimentos.

Es lo más importante.

No ponerte nada que no te puedas comer.

Después de todo, son productos que te metes al cuerpo, a través de la piel. Y se supone que deberías pensar en la calidad de lo que comes.

En fin.

Todo es relativo. Y aunque no te puedes aislar del mundo, ni de la contaminación, ni de los tóxicos del ambiente, sí que puedes cuidar un poco lo que te comes. Y lo que te pones en el cuerpo.

P. D. – Temas así me planteo. Para cuidar de mí y de los demás. Para promover la salud y el bienestar. Autocuidado y calidad de vida… ¿Cómo te cuidas tú?