Tiempos fáciles

Lo habrás oído.

Eso de que lo difícil te hace fuerte.
Que los fuertes nos lo ponen fácil.
Pero que lo fácil te hace débil.
Y los débiles lo complican todo.

Menuda parrafada, bla, bla, bla.

Pues en eso estaba pensando.
En que vivimos muy cómodos.

Lo tenemos todo bastante fácil.
Al menos en este ombligo del mundo.

Y tal vez no somos conscientes.
Demasiado cómodo todo.
Demasiado fácil casi todo.
Demasiado sencilla la vida.

Siempre lo pienso.

Cuando veo cómo vivimos.
Con comodidades. Con facilidades de todo tipo.
Para comer. Para vestir. Para trabajar. Para comprar. Para jugar.

Cada vez que me pongo a escribir.
Cada vez que salgo a la calle.
Cada vez que voy a trabajar.

Lo tenemos todo muy fácil.
Y eso nos debería poner alerta.

Prepararnos para lo peor.
Viviendo con lo mejor…

Si no para ponernos a entrenar, sí al menos para jugar a lo difícil.
Si no para autoflagelarse, sí al menos para practicar escasez.
Aunque sea como un juego, no sé.

Hay quien prefiere vivir sin más.
Yo prefiero cuanto menos dar las gracias.

P. D. – Y tú, ¿qué opinas de tus comodidades?
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Sol y sal

Me gusta la playa.
Durante todo el año.

También la montaña.
Pero un poco menos.

El sol y la sal me dan mucha vida.
El sol y la sal me parecen algo especial.

Espacio abierto. Mirada al horizonte.
El mar que se funde con el cielo.

Siempre que puedo, voy a la playa.
Solo o en familia. Cada plan tiene lo suyo.

¿Te digo qué?

El otro día íbamos en el coche.
Pasábamos cerca de unas salinas.
Yo explicaba a mi retoño la evaporación del agua de mar, para obtener sal con el sol.

¿Y te digo qué?

Lo entendió a la primera.
Y en esa conversación, yo mismo me di cuenta de lo valiosa que es la sal. Pero la sal buena. La que no está refinada ni lleva antiaglomerante. Digo la sal gruesa o en escamas. Esa que es más natural, de verdad. Y no le añaden yodo, potasio o lo que sea, para crear así otro producto diferente. A veces incluso hay sal sin sal. Que se dice pronto…

Tanto el sol como la sal pueden ser agresivos para el cuerpo. Sin embargo, lo que vengo a decirte es que los tomes con moderación. Pero sobre todo que los tomes con calidad.

Consume una buena sal marina sin refinar.
Tiene propiedades interesantes, más allá de lo que siempre se nos amenaza.

Y toma el sol con cuidado.
Ideal a primera y última hora del día. Ahí lo puedes mirar y contemplar. Es un alimento interesante para el cerebro, que funciona con electricidad. Y nuestro cuerpo es capaz de transformar la energía solar en otros tipos de energía también compatibles con la vida.

Toma el sol y la sal con moderación.

Déjate curar por ellos. Como los jamones.
Y si eres vegan, déjate curtir como los encurtidos.

P. D. – Otro día hablamos del agua de mar. Seguramente desde mi lista privada de correo: https://antonreina.activehosted.com/f/1

Espontáneo sin cráneo

De lo espontáneo.
De lo que sale.
Sin pensar.
Sin más.

Una parte de mi se quiere expresar.
Siempre quiere salir. Como sea…
Una parte de ti también.

Esa parte tiene su aquel.
No solemos conectar con ella.
Siempre necesita decir lo que siente.
Sin más. Sin esperar respuesta.
Como el arte.

Esa parte es tu corazón.

Tu arte. Es tu parte artística.

Hay otra parte más racional.
Que siempre piensa en las consecuencias.
Es la parte que tiene en cuenta lo que puede pasar si haces ésto o lo otro.
Es otra parte que mide lo que puede ocurrir cuando te dejas llevar.

Y por eso muchas veces nos dejamos llevar. Por expresión.
Pero son menos veces de las que nos gustaría. Por inhibición.
Por lo menos así lo siento yo. Por observación.

¿Te digo qué?

No creo que sea cuestión de expresarte más o menos.
Pienso que se trata de aprender a dejarse fluir.
Estoy seguro de que se puede practicar.
Aprender a soltarse. Dejarse llevar.

¿Un secreto?

Practica algo que te guste.
Sin ninguna intención concreta.
Haz cosas que te apetezcan.
Sin más. Sin esperar nada.

Practica algo por que sí.

Una afición. Un deporte. Una habilidad.

Aunque te salga mal.
Da lo mismo.
Dice Elías que eso son los matices que nos dan autenticidad.

P. D. – Para tu bienestar, para tu crecimiento, para tu salud y para tu autocuidado: haz algo diferente cada día. Escribe con la mano izquierda. Dibuja. Estira tu cuerpo. Canta. Toca algún instrumento musical. Construye algo. Pasea. Mira al cielo. Observa la naturaleza. Lo que sea. Ya me contarás.