Viajes y viajes

Dices tú de vacas. Estoy de vacaciones.

Bueno, es una mera ilusión.
No lo llego a sentir suficiente para descansar de verdad. Pero bueno, iré a la playa y viajaré.

Voy a viajar un poco.
Hace tiempo que no salía.
Siempre me pareció bueno ver mundo.
Conocer otras ciudades y otros países.

Me voy de viaje.
Vuelvo a un lugar conocido.
Hace años que no volvía por allí.

Y me pregunto cuál es mi plan.

¿Viajero consumista?
¿Viajero cultural?
¿Viajero posturero?
¿Viajero lingüista?
¿Viajero familiar?
¿Viajero turista?

Da igual.
En realidad da igual cómo yo me quiera ver.

Porque voy a caer en lo que se suele caer cuando viajas.

Por una parte seré víctima de la publicidad y los clichés de consumo.
Por otro lado aprenderé algo de historia y conocimiento del lugar.
Además querré tener muchas fotos de lugares y momentos.
Disfrutaré practicando otro idioma menos habitual.
Voy con la familia y eso lo marca todo.
Para bien y para mal. No es una queja.
En agosto estará todo saturado.
Urbano, familiar, científico e histórico.

Hay que disfrutarlo.
Esa es mi premisa.
Viajar abre la mente y suma experiencias de vida.

Siempre me dejo impregnar por la energía histórica de los lugares y me imagino cómo vivía allí la gente en otras épocas. Luego pienso en cómo se vive ahora y después acepto mi papel de turista con la mayor dignidad posible.

Confieso que me da un poco de vergüenza ajena sentirme dentro del rebaño.
Y supongo que la vida estará más allá de aceptarlo.

Mi felicidad y mi bienestar tendrán una posibilidad después de aceptar lo que me toca ser en este momento de la vida.

Me lo tomo con humor y ganas de broma. No se me ocurre otra manera.

¿Cómo te tomas lo que te toca este verano?

P. D. – Tengo que ir pensando en dedicarme más a la gente que me ha confiado su correo… A esas personas tan insensatas que se han apuntado a mi lista privada en https://antonreina.activehosted.com/f/1

Sin descanso

¿La vida?
No sé ni cómo va.
Ni idea, de verdad.

Solamente sé que no para.
Solamente sé que no espera.
La vida avanza sin tregua.
No sé si va hacia el caos.
No sé si va hacia el orden.

No tengo manual. También voy improvisando.

Lo que sí que sé es una cosa.

Una sola cosa.

Algo que igual ni te sorprende.
Pero que a mí me da sentido.

La idea de que todo fluye en la vida.

Todo fluye. La vida fluye. Sin descanso.

Bueno, que todo fluye y que lo hace con cierta armonía. Aunque muchas veces nos parezca todo muy caótico. La vida sigue adelante. A toda costa.

Por eso me propuse escribir todos los días.
Para dejarme fluir y para conocerme.
Para expresarme, sin más.
Para abrirme y para descubrir capas.
Para practicar algún arte y ver qué me limita.

Escribo cada día. Envío un correo cada día.
Publico una entrada diaria.
No quiero dejar de crear.
Necesito sentirme creativo.
Lo sufro y lo disfruto mucho.
Me dejo llevar y me quiero dejar llevar más todavía.
Como aquello de ser como el agua y dejarte fluir.

Be water, my friend.

Estoy aprendiendo.

P. D. – Seguiré compartiendo de manera pública, al menos hasta que tenga cien suscriptores más en mi lista de correo. Entonces cerraré esta vía y me dedicaré a contarte mis antoñadas en privado. Te lo mereces. Por tu desfachatez al leerme – es broma – y por tu valentía – en serio – al decidir confiarme tu email o apuntarte a mi blog.

Te puedes apuntar a mi lista desde aquí: https://antonreina.activehosted.com/f/1

Tinto de verano

El vino y la infancia.
Extraña relación.

Hoy me tomé un tinto de verano.
Y me acordé de cuando era niño.

Extraña asociación de ideas.

Recuerdo aquellos veranos. Siendo yo pequeño.

Recuerdo algunos detalles.

Imágenes de ciertos momentos.

No sé qué habré modificado.
La memoria es muy caprichosa.

Recuerdo esas jarras tan refrescantes.
Vino con gaseosa y trozos de fruta.
Sabor a verano antes de comer.
Impensable hoy para niños.

Nos encantaba comernos el melocotón de la sangría.
Nadie pensaba que eso estuviera mal.

Como aquellas meriendas en casa de mis abuelos.

Rebanada de pan con chorro de vino,
chorro de agua y azúcar por encima.
Meriendas que me daba mi abuela.
Hoy serían delito.

Aquellos veranos de mi infancia tendrán muchos más detalles, sin duda, pero hoy me sabían a vino fresco. Qué cosas.

Mientras, yo me sigo sorprendiendo de lo rápido que cambia la vida y de lo lentos que van nuestros pensamientos. Las noticias ocurren sin parar y van a toda velocidad. Pero nuestras creencias son duras de cambiar y se resisten a evolucionar.

En fin.
Que la vida se pasa y siempre miramos atrás.
Cuando tal vez sea más sensato mirar adelante.
Sin remordimientos. Sin nostalgias. Sin pesares.
Tal vez sea más útil no arrastrar nada del pasado.
Tal vez sea más necesario disfrutar el presente sin angustiarse por el futuro.

Fácil de decir.
El desafío está en aprender a vivir.

Sin arrepentirse por lo vivido.
Sin ansiedad por lo esperado.

Por ahí debe andar eso del bienestar.
Sigo investigando la fuente del autocuidado ese que dicen.