Los huevos de mi padre

Hola.

Hoy te cuento una pequeña historia sobre mi padre.
Parece un chiste. Sin embargo es real. Ya verás.

Se llama Pepe. Está jubilado. Tiene gallinas. Andan sueltas.
Entre los árboles. En el pueblo.

Esas gallinas comen muy bien.
Son para poner huevos.
Siempre me da unos cuantos.
Riquísimos, por cierto.

Los animales van envejeciendo, las va renovando.
Hace poco fue a comprar seis gallinas jóvenes.
¿Y qué pasó?
Que compró cinco.

¿Por qué?

Mi padre tiene muchas historias.
Unas que cuenta él y otras que cuento yo sobre él.
Entre otras cosas, tiene chascarrillos para todo.

Siempre me ha dicho que estudie para no trabajar.

En el sentido de darle a la cabeza para no darle a los pies.
En el sentido de que me haga el trabajo fácil.
Se refiere al esfuerzo inteligente.

El vendedor le preguntó. Que por qué compraba cinco, si siempre se llevaba seis.
¿Y qué le respondió mi padre?

— Es que siempre que te compro seis se me muere una. Así me la ahorro. 

Te parecerá una broma lo que le dijo. No lo es. 

Es una manera de ser. 

Una forma de darle la queja con estilo y buen humor. 

¿Qué te parece?  Yo me quedo con las risas. Dice que no le gusta trabajar. Pero siempre me ha enseñado a hacer las cosas bien. 

Prefiero vivir desenfadado. Responsable pero también alegre.  

P. D. – Todavía es provisional, aunque ya puedes apoyar mi libro sobre el escaqueo https://antonreina.com/el-arte-del-escaqueo/ 

Venga, vamos

¡Vamos! ¡Venga!

Cuando yo era un chaval tuve muchos trabajos.
Uno de ellos era de albañil, con mi tío.
Me gustaba ir con él.
Aprendí mucho. Y daba gusto verlo en acción.

Siempre llegaba con buen humor.
Preparaba las herramientas.
Disponía todo para empezar.
Proyectaba lo que íbamos a hacer.
Y entonces decía algo que todavía recuerdo.

Una frase muy simple. Que me traía de vuelta a la Tierra.
Me ponía las pilas sin hacer nada.

Aquello me enseñó a estar atento.
A prestar atención a lo que ocurre alrededor.
Presencia, lo llaman.
¿Presencia?

Saber lo que toca en cada momento.
Él me hablaba bien.

Se agachaba y decía:

–¡Masa aquí!

En ese momento me daba cuenta.

Todavía no había preparado la pasta de cemento.

Y era yo mismo el que me daba prisa.

Sin embargo, no era una prisa estresante.

Simplemente me traía al presente y me animaba a trabajar.

¿Te ha pasado algo parecido alguna vez?

Ahora todo el mundo te mete prisa.

Todos meten prisa.

Para comprar. Para trabajar.

Para leer mensajes. Para que respondas.

Nadie te dice que pares.

Yo me lo recuerdo cada mañana.

Para. Siente. Piensa.

Respira. Pausa. Estás vivo. Sonríe.

Es urgente vivir. Ya lo habrás leído por ahí.

Yo me lo tomo en el sentido de saber lo que toca en cada momento.

.

Deja ya de leer.

Suficiente por hoy.

Haz algo por ti.

Por tu tiempo o por tu salud.

Por tu gente o por tu dinero.

Eso es lo que llevo en la cabeza casi toda la vida.

Quién soy. Para qué vivo.

Qué puedo hacer para estar mejor.

P. D. – ¿Sabes ya quién eres? ¿Para qué vives? ¿Tienes prisa? Cada día te cuento algo sobre lo poco que sé de salud y bienestar. Si te interesan estas antoñadas, apúntate a mi lista de correo: https://antonreina.activehosted.com/f/1

Un saludo.

De uso en desuso

Atiende.
Que no quiero cotorrear ni desvariar.

Mi abuela decía analís.
Fí a hacerme un analís de sangre.

Y mi madre me decía que estaba hecho un fililí.
Otras veces me veía alifafao. Ya ves, truz.

Nadie más lo decía. No sé.
La gente es que inventa mucho. Sin cavilar.
Otros lo repiten todo sin discurrir.

Pero tampoco les voy a endilgar la culpa, ¿eh?
Ni a mi agüela. Ni a mi maere. No te sulfures.

La vida se escurre.
Entre los dedos. Como el agua.
Traspone y se va. Sin decir ni pío.

.
¿Que qué me pasa hoy?

Ando jugando una miaja.
Diciendo cosas que ya no se dicen.

Parece que vamos a nuestro aire.
Sin apreciar el verdadero saber antiguo.
Y no dilucidamos entre lo arcaico útil y lo arcaico inútil.
– Otro día hablaremos, por cierto, de la disonancia en las palabras que usamos. Como inútil. Que parece decir que en el fondo eres útil. In-útil. Útil por dentro. Fitetú.
Pero esa es otra historia.

Muchas de nuestras costumbres parecen actuales. No paramos de inventar. Es lo habitual. Sin embargo, pronto serán abuelismos. Ya hay memes que están demodés.

En fin. Digo. Que allende los mares… está nuestro día a día.

Solemos ir a lo fácil. No sé por qué diantres, pero así es la vida, córcholis.

Como las palabras primorosamente, pipiolo, pimpollo, apalominao, zalamero, mentecato, ajamonarse… y sanseacabó.
P. D. – Una de las ideas que comparto en mi libro sobre bienestar es la siguiente. Tan sencilla como poderosa. Y verdadera: Lo que no usas, se atrofia. Dientes, músculos, cerebro, esfínteres, piel, cabello, articulaciones, flexibilidad… Ya te contaré, que ahora llega el verano y toca refrescarse. ¡Buen domingo!