El color del miedo

¿Miedo?

Dices tú del miedo.

Ahora me río. Entonces no.
Porque yo lo pasaba mal.
Muy muy mal, de verdad.

Te cuento…

Me recuerdo muy pequeño. Y eso lo recuerdo muy bien.

Era de noche. Estaba oscuro.
Cada vez que salía a la calle.
Lo pasaba fatal. Era horrible.

A recoger leña para la estufa.
Para cerrar la puerta de fuera.
Para recoger la ropa tendida.

No me atrevía ni a mirar a la oscuridad.
Pensaba que algo malo me iba a pasar.
Un monstruo me atraparía sin remedio.
Y cuanto más corría, yo peor me sentía.
Era como una aceleración logarítmica.
Mi corazón explotaba y algo me ahogaba.
Algo me invadía y yo no lo sabía manejar.
Un terror visceral, primario, crudo y cruel.
Una especie de pánico hacia la oscuridad.

Y ocurió.
No recuerdo el año.
Serían los ochenta.

Aquella noche se prendía una hoguera.
En el pueblo se reunían casi todos los vecinos.

Era invierno, por san Blas o la Candelaria.
Decían que el fuego era por nuestro bien.
Para la garganta y para un futuro propicio.

Para mí era una fiesta. Me fascinaba.
Ver a niños y viejos alrededor del fuego.
A veces asaban patatas y preparaban ajo.
Todo el mundo charlaba y reía desenfadado.
Los críos jugando y corriendo alrededor.

Todos juntos alrededor de la luz.
Calentándonos la cara y la espalda.
Hablando y escuchando con alegría.
Cuidando el fuego como algo común.
Adorándolo de alguna manera mágica.

Y entonces ocurrió algo.
Algo importante.

Una experiencia que me cambió para siempre.

Un vecino de confianza me dijo que trajera leña.
Me indicó que fuera a una zona oscura.
Detrás de las casas. No había ni luna.

Le dije que me daba miedo.

_ ¿Miedo?

Lo que me respondió todavía me sigue ayudando.

_¿De qué color es el miedo?

El miedo es libre.
Lo tomas si quieres.
Porque ni siquiera existe.

Hoy se lo cuento a mi retoño.
El miedo no existe.
Es solamente imaginación.

Y con aquella premisa, me atreví.
Anduve hasta el montón de leña.
Cogí una gavilla y volví a paso lento.
Pensando en aquella pregunta mágica.
Llegué orgulloso y satisfecho a la hoguera.

Fue una gran victoria personal.
Todavía sigo ganándole al miedo.
Es una especie de triunfo vitalicio.

¿Que por qué te lo cuento?

Para volver a tenerlo presente.
Porque me da miedo escribir.
Porque me atrae y me repulsa.
Porque lo amo y lo temo a la vez.
Me refiero a escribir y a vender.

Quiero volver a usar esa frase.
A ver de qué color es el miedo…
Necesito recuperar mi calma.
Enfrentarme a mi propio chantaje.
Atreverme a exponer mis mierdas.
Esas que me pasan por cabeza y corazón.

Lo hago por mí.
Para ser valiente.
Con una pregunta.
Simple y poderosa.
Mágica y trascendental.

¿De qué color es tu miedo?

Esta fórmula es una trampa.
Hace que lo transformes todo.
Una especie de hechizo brujo.
Desmonta las ideas irracionales.
No sé si podrás sintonizar con ella.

P. D. – Aquí mi lista de correo. Gracias.
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