Opinión sin guión

Dices tú del mundo.
A nadie le importa.
Y menos tu opinión.

Porque cualquiera puede opinar.
Todos opinamos. Y encima lo publicamos.
Como si fuera importante.

Le estamos dando la misma importancia a todas las opiniones.
Pero nada más lejos que Fisterra.

Opinamos sobre cualquier cosa sin tener ni puñetera idea.
Y, para colmo, cualquier opinión vale lo mismo que otra.
Cosas de la equidad interpersonal.
Cosas de la igualdad esa que dicen.
Cosas de los derechos humanos o no sé qué.
Cosas de esta realidad que algunos llevan siglos construyendo.

¿En serio todas las opiniones son igual de válidas?
¿En serio que todo lo que decimos merece el mismo respeto?

No lo sé.
Solamente sé que una cosa es complacer a todos y otra muy diferente es complacer a la verdad, a lo objetivo, a lo real. No sé. Eso.

Sinceramente pienso que no vale cualquier opinión.
Hay que tener en cuenta lo que vale cada fuente.
Hay que valorar de dónde viene cada opinión, cada idea o cada intento de llevar la razón.

Todo el mundo tiene su propia visión y concepción de la verdad.
Muchos dirán que eso es correcto.
Otros pensarán que no está bien.
Yo te digo que hay unas verdades más ciertas que otras.

Tienes que mirar la fuente.
Quién dice qué.
De dónde viene la info.

¿Quién lo ha dicho?
¿De dónde sacas esa opinión?
¿Qué vienes a contarme?

¿O es que de verdad piensas que todas las opiniones son igual de válidas y valiosas?

P. D. – La mía es solamente otra opinión. Antes de creerte cualquier patraña, mira bien de dónde procede. Quién habla. Cuál es la fuente. Porque no todo vale lo mismo. Recuérdalo.

Basura básica

Dices tú de cambio climático.

Da igual si existe como si no.

Toca reciclar.
Aprender a decrecer.
Reducir y reutilizar.

Y también, ya de paso, aprender a respetar a los demás.

Dicen que la falta de respeto indica que no te respetas. Que no te quieres. Que no te valoras. Que no aprecias ni tu propia vida. Y puede ser. No lo sé.

Verás.

Vivo en una ciudad.
Vivo en una ciudad en un edificio.
Vivo con más vecinos y hay que sacar la basura.

¿Te imaginas de qué voy a hablarte?

De caca.
De basura.
De desperdicios.
De la mierda de cada uno.
Esa que genera tu cocina, por ejemplo.
De cómo hay que tratar nuestros propios residuos.

Porque hay alguna gente a la que no le importa eso de respetar lo comunitario.
Hay a quien le da igual hacer las cosas bien. Ni se plantean tener cuidado con lo que afecta a los demás. Viven así. No sé si serán capaces de darse cuenta o cambiar de actitud. No sé nada, la verdad.

Debo decir que cada vez me importa menos lo que hagan los demás. Solamente me siento capaz de asumir la responsabilidad de mis propios actos. Fítetú.

Por ejemplo, permiten que su propia bolsa de basura vaya chorreando. Manchan pasillos, escaleras y ascensor. Me da vergüenza ajena. Incluso a mí, que tengo cuidado. Y ni se les ocurre limpiarlo. Me parece tremendo.

-Ya lo hará la que limpia – dirán. No lo sé.

Sin embargo yo sufro mucho. Me duelen esos gestos omisivos. Eso que (no) hacen y que nos afecta a los demás. Más allá de injusto, es una guarrada.

¿Cómo evitarlo?
¿Qué hago yo?

Muy fácil.

Además de tener cuidado con la gestión de residuos en el hogar, basta con un sencillo gesto preventivo: Un papelito.

Pongo una hoja de periódico.
Doblada. En el fondo de la bolsa de la basura.
Y así retiene la poca humedad que pueda gotear.
Tan fácil como eso.
Tan difícil como eso.

¿Te parece útil?
Ya lo ves. Otra antoñada.
Nada más. Nada menos.

P. D. – Espero que te sirva para ti o para tus vecinos. Es como lavarte los dientes. Es como secar tu cepillo de dientes. Es como limpiarte los zapatos al entrar a casa. Es como quitar la hoja fea de una planta. Es como recoger la mesa después de comer. Es como pasar un paño por la cocina después de concinar. Es como abrir o cerrar un grifo para lavarte las manos. Simplemente se hace. Porque crees que así es mejor.

Lunas y runas

Luna llena.
O casi.

Es verano. Estoy en el balcóLun
Mirando a la luna llena.
Me parece mágica.
Siempre me ha parecido fascinante.

¿Qué te inspira la luna?
¿Miedo? ¿Misterio?

Da igual si es un satélite natural o una nave espacial avandonada.
Da lo mismo si influye más o menos en nuestras vidas.
No importa si repercute en este planeta.
Porque hay algo más decisivo que todo eso.
Algo que no cambia y nadie puede negar.

Está ahí.
La luna está ahí.
Con su ritmo y sus fases.

Suficiente para que forme parte de nuestro imaginario. De nuestros sueños. De nuestros deseos y anhelos. De nuestras vidas en cualquier sentido que nos parezca.

Me gusta pensar que nuestra vida tiene muchos aspectos cíclicos. Todo gira y todo vuelve a pasar por los mismos estados que forman parte de la vida. Como las estaciones del año. Como los momentos del día. Como las fases de un proyecto. Como las etapas de un camino. Como la vida misma.

Primavera. Verano. Otoño. Invierno.
Nacer. Crecer. Menguar. Y morir.
Renacer. Brillar. Alimentar. Y trascender.

Me atrae la luna y siempre me inspira.

También me atraen las runas.
La simbología celta es apasionante.
Como el lenguaje y los símbolos de cualquier pueblo o cultura del mundo.

Nos ayudan a mirar padentro.
Como un espejo.
Como un oráculo.
Como un test infalible.

Cuando no le veo sentido al día o a la vida, miro parriba.
Al cielo. A la luna. A los árboles. A las montañas. A las estrellas…
También miro pabajo.
Al suelo. Al agua. A las plantas. A las piedras.

Todo sirve para disfrutar.
Todo es alimento para el alma.
Llámalo espíritu o corazón. Da igual.

Aunque sigamos trabajando y sin vacaciones, el verano es para cerrar una etapa. Un año entero. Un curso lectivo. Una vuelta al sol.
El verano es para ver amanecer y anochecer cada día.

Toca celebrar. Agradecer. Repensar. Descansar lo que puedas.

¿Tú también sientes cómo vamos atravesando fases en el día, el mes y el año?
¿O acaso prefieres pensar que es todo más lineal?

P. D. – En realidad no sé vender nada. Solamente disfruto compartiendo lo que siento.