Por teléfono

¿Te digo qué?
Si bajas la música para aparcar, entonces lo entienderás.
Si pides silencio para escribir, sabes de lo que hablo.
Si te tapas un oído para escuchar el telefóno por el otro…

A eso voy.
Hablamos mucho. En general.

Escribimos todos los días.
Por correo y en el guasap.
Con el móvil en las redes sociales.
Mensajes de texto y audios.

Siempre en contacto aparente.
Lo llaman hiperconexión.
Infoxicación de esa que dicen.
Exceso de estímulos. No sé.

De verdad que no sé lo que es.
Lo que sí que se es otra cosa.

Se trata de algo que no nos deja pensar bien.
Un ritmo excesivo de pensamientos externos.
Demasiado ruido.

Demasiado ruido para pensar con claridad.

Demasiadas interferencias con la mente.
¿Cómo se pueden asimilar tantos estímulos?
¿Habría que hacer dieta de pantallas y teléfonos?

P. D. – No me atrevo a decirte lo que debes hacer. Prefiero contarte lo que yo hago para estar mejor, que es llamar más y escribir menos mensajes. Y lo más valioso que he encontrado es sentarme quieto sin hacer nada durante un ratico cada día. Es parte de mi propia revolución de bienestar. Proyecto a venir. Desconecta un rato, anda ;)

Y tú quién eres

Mi abuela.

Tuvo Alzheimer.
Una década antes de morir. Vivió muchas temporadas con nosotros.
Te preguntaba eso de: ¿Y tú quién eres?

Se fue luchando.
Con mucha fiebre. Vino su madre a por ella.

Vivió muchas temporadas en casa, con nosotros.
Eso enriquece. Mucho.
Quien quiera saber que se compre un viejo.

Trabajó mucho en su vida.
No podía estar quieta. No sabía parar. Serían otros tiempos. Sin pereza ni tiempo de aburrirse. Por eso la recuerdo.

-Dame trabajo – decía.

Y le dábamos pequeñas tareas.
Al final solo podía enmestar.

Clasificaba bandejas con garbanzos y habichuelas que nosotros le mezclábamos a escondidas. Pasaba así muchas mañanas y tardes. Hasta agotarse. Era una mujer fuerte y dura. Le hacíamos terapia ocupacional sin saberlo.

Tuvo 10 hijos. Vivieron 7. Quedan 6.
12 nietos. 18 bisnietos. Tataranientos ya.

.
¿Por qué te hablo de mi abuelica?

Porque intento recordar historias sobre ella.
Su vida con los suyos y la parte que me toca.

Y por mi proyecto sobre el escaqueo. Porque no me imagino lo que pensaría ella de los gandules que se escaquean del trabajo. Siempre han existido, pero si son buenos, nadie los ha descubierto antes…

P. D. – Puedes apoyar el futuro libro desde aquí mismo.
https://antonreina.com/el-arte-del-escaqueo/
Gracias.

Bailamos poco

Estoy saliente.
Otra guardia de 24h.

Ayer estuve con Alejandro.
Un compañero.
Siempre aprendo de él.

Me dijo que nos falta algo.
Será nuestra generación.
Será que trabajó en Ibiza.
Que los viajes te abren la mente.
No lo sé.

El caso es que me dijo algo que me impactó. Y seguramente a ti no te lo parezca tanto. A ver…

Hablando de si seremos viejunos o será una percepción sesgada…

Va y le dice con mucha autoridad:

  • Bailamos poco.

Casi nada.

Pienso que tiene razón.
¿Lo habías pensado?

En todas las edades.

Echo de menos más bailes.
Será que yo iba a la discoteca a bailar. El nombre ya suena antiguo, lo reconozco.

Salíamos y bebíamos más o menos. Pero habíamos algo que ya no se ve.

Bailar sin más.
Dejarte llevar por la música.
Sin pensar demasiado.
Sin complejos.

¿Alguna vez bailas?

Yo me lo estoy proponiendo para este año. Bailar al menos una canción al día durante este verano.

P. D. – Nadie te obliga. ¿Te gusta bailar? Aunque sea a solas… ¿Qué te parece la idea? Tapronto.