132. No nada nada

Atardecer urbano)))

Una rana que no nada.

No nada nada.

Nada.

Ea.

No, nada.

Y ella nada.

Y nada, no nada.

Pero nada de nada.

.

Así me siento yo algunos días.

Como que no avanzo. No nado.

Bueno, sí que nado, pero no ando.

Y qué puede hacer uno en días así.

Pues nada. No nadar.

No nado nada. Y ya está.

O nadar igual. Tal vez descansar.

Me concedo esa pausa. Ese bache.

Es lo que toca.

Nada de rendirme.

Más bien aceptar.

Me lo permito.

Y ya está.

Fitetú)))

.

131. Supermirafiori

Imagen del modelo de coche original del que hablo)))

Tuve uno así.

Teníamos unos 20 años, tanto él como yo. A él ya le habían cambiado el motor. A mí también me habían cambiado otras piezas de la vida.

Giraba tanto las ruedas como no he visto hacerlo a ningún otro coche.

Eso sí, producía tanto humo como no creo que vuelva a estar permitido.

Y era grande. Confortable. Un cochazo. Al menos eso es lo que fue para mí. Un tanque.

¿Y qué puede aportar aquí esa antoñada?

Pues nada.

Nada y todo.

El tiempo y la vida.

Las cosas materiales.

La esencia que se queda.

Lo que importa nunca se ve.

Nunca o casi nunca.

La resistencia. Lo duradero.

Lo indestructible.

La calidad de una estructura es algo que da robustez y permanece. Estructuras y sistemas. De vida, digo…

La eficiencia de lo practico.

Ser pragmáticos y adaptables.

Eso vale muchísimo.

Lo mismo que la durabilidad.

La durabilidad.

Cuando algo está bien hecho, dura y resiste el paso del tiempo. A mí me parece que estas características son lo que le aporta valor a ese modelo.

Y es lo que intento proyectar para mí y para mi vida:

Resistencia y antifragilidad.

Eficiencia y flexibilidad.

El desafío es entender cómo cultivo eso en mi vida.

.

Buen día)))

.

Día 130 entrenando mi fuerza de voluntad

Una exposición de ejercicios)))

Hola.

He observado algo interesante.

Cuando me pongo hacer algo que no me apetece, aunque sea sin grandes pretensiones, hay una pequeña fase inicial de desgana, pereza y ganas de abandonar.

Es como una señal de alarma, que me avisa de que puede ocurrir algo diferente a lo habitual.

Es un aviso para que no intente nada nuevo, nada arriesgado, nada desafiante.

Y resulta que el miedo se disfraza de pereza, me empuja a dejarlo para otro momento, y realmente no aporta nada.

Aunque sí que aporta algo.

El miedo es un gran aliado.

Pero no para hacerle caso.

No es para dejarte llevar por él.

El miedo te avisa cuando tengo que seguir adelante. Precisamente me dice que hay algo interesante nuevo novedoso y seguramente positivo y enriquecedor.

Por ejemplo ayer, en un taller de escultura, en el que no se buscaba ningún resultado concreto, me enfrenté a una oreja con arcilla.

En menos de dos horas obtuve un resultado bastante satisfactorio.

Recordando que no pretendía nada en absoluto, más que pasar el tiempo, haciendo algo manual, sin pensar en nada.

He aprendido a confiar en el proceso. Y he aprendido a confiar en mí.

.

Sigue adelante, que lo estás haciendo muy bien)))

.