
Tuve uno así.
Teníamos unos 20 años, tanto él como yo. A él ya le habían cambiado el motor. A mí también me habían cambiado otras piezas de la vida.
Giraba tanto las ruedas como no he visto hacerlo a ningún otro coche.
Eso sí, producía tanto humo como no creo que vuelva a estar permitido.
Y era grande. Confortable. Un cochazo. Al menos eso es lo que fue para mí. Un tanque.
¿Y qué puede aportar aquí esa antoñada?
Pues nada.
Nada y todo.
El tiempo y la vida.
Las cosas materiales.
La esencia que se queda.
Lo que importa nunca se ve.
Nunca o casi nunca.
La resistencia. Lo duradero.
Lo indestructible.
La calidad de una estructura es algo que da robustez y permanece. Estructuras y sistemas. De vida, digo…
La eficiencia de lo practico.
Ser pragmáticos y adaptables.
Eso vale muchísimo.
Lo mismo que la durabilidad.
La durabilidad.
Cuando algo está bien hecho, dura y resiste el paso del tiempo. A mí me parece que estas características son lo que le aporta valor a ese modelo.
Y es lo que intento proyectar para mí y para mi vida:
Resistencia y antifragilidad.
Eficiencia y flexibilidad.
El desafío es entender cómo cultivo eso en mi vida.
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Buen día)))
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