Ahora es la hora

Parece una frase hecha.

La hora.
Es ahora.
Es la hora.

Y es que para mí lo es.

Porque me he cansado.
De mi actitud y de mi disposición.

Siempre fuera de lugar.
Así me he sentido durante casi toda mi vida.
Sensible.
Constantemente insatisfecho.

Confundido.
Entre triste y melancólico.
Entre soñador y bucólico.
Bohemio. Raro.
Entre artista y abnegado.

Y ya paro de llorar.
Porque ahora lo veo distinto.
Ahora me veo y soy distinto.

Por eso digo que ahora es la hora.
Por eso digo que la hora es ahora.

Porque reconozco el cambio.

Ahora sé que estaba aprendiendo.
Por algún motivo necesitaba vivir esa experiencia.
Por alguna razón tenía que recorrer ese camino.
Para llegar aquí. Para estar ahora.
Para ser diferente. Para cambiar.

¿Y de qué cambio estoy hablando?

Pues hablo de seguridad.

Seguridad.
Seguridad en mí.
Seguridad conmigo.
Seguridad para mí mismo.

Eso es lo que algunos llaman madurez.
Otros dicen que es endurecimiento por los años.
Hasta hay quien lo considera desarrollo y fortaleza.

Yo digo valor.
Es una evolución.
Ahora confío en mí.
Confío en lo que quiero hacer.
Confío en mis habilidades y aptitudes.
Sé que no es mero lenguaje motivacional.
Sé que se trata de un cambio real. Fruto de muchos pequeños cambios. Resultado de muchos detalles que se van sumando y finalmente desencadenan reacciones que parecen espontáneas pero que se vienen fraguando y gestando desde hace más tiempo.

Simple y llanamente doy un paso adelante.
Yo puedo. Yo quiero. Yo soy capaz.

No son frases hechas para animar.
Son palabras que describen mi estado.

Puedo. Quiero. Soy capaz.

Ya está pasando. Es real.
Así es como me siento de verdad.

Cualquiera puede. Tú también puedes.
En teoría. Claro. Porque yo no lo sé.
Desconozco tu historia y tu recorrido.
Supongo que puedes hacer lo que sea.
Y te animo a que luches o juegues lo tuyo.
Pero no sé ni lo que quieres ni lo que pretendes.

Solamente puedo compartir mi alegría.
Mis ganas de hacer y de crear.
Mi estado actual.

Muchas gracias y que tengas un propicio día.

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Trabajar sin trabajar

Dices tú del escaqueo.
Ya te lo decía.
Estoy escribiendo sobre el tema.

Más bien sigo investigando.

Contarlo es lo de menos.
Impone respeto.
Contarlo, digo.
Pero es fácil.
O eso pensaba.

Lo intenso es leer.
Investigar. Buscar.
Explorar y aprender.
Darme cuenta.

¿Por qué lo digo?
Porque la realidad supera a la ficción.

La vida sorprende.
La gente también.

Y los que se escaquean.
Esos artistas de verdad.
La gente que sabe trabajar sin trabajar.
Aunque tengan que esforzarse más.
Porque escaquearse requiere energía.
Ellos son unos auténticos líderes.
Aunque muchas veces parezcan invisibles.
De hecho, los buenos pasarán inadvertidos.

Hoy lo dejo aquí.
Diferenciando entre gandules y artistas del escaqueo.

Una cosa es ir a trabajar y evitar en lo posible tus responsabilidades.
Otra muy distinta es salir siempre airoso sin dar ni golpe en el trabajo.

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Para apoyar el proyecto sobre el arte del escaqueo:

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Un cordial saludo y que trabajes cuanto desees de verdad ;)

Esclavitud clavada

¿Esclavos, dices?
Pues sí.
Somos esclavos.
Lo somos.

Del trabajo.
De madrugar más.
Del dinero.
De gastar más.
Del juego.
De producir más.
De comprar.
De las máquinas.
De la comida.
De los vicios.
De las compulsiones.

De nuestras pasiones.
De nuestras peticiones.
De nuestras quejas.

Eso está claro.
Somos esclavos.
En principio.
Es lo que parece.

Aunque todo es relativo.
Digo yo.

Porque, ¿acaso no son esclavos los árboles de un bosque?
¿Acaso no son esclavas las células del cuerpo?
¿Y qué me dices del cielo y las estrellas?
¿Hay algo en la vida que tenga poder para cambiar su lugar?
¿Quién puede modificar su destino?

Y es que yo pensaba que la gracia está en el cómo.
El poder está en mi actitud.
La libertad está por dentro.
En el cómo me tomo la vida.
En cómo afronto lo que pasa en general.
En cómo encajo lo que me pasa en particular.

Total.
Que me quedo igual.
O no. No lo sé.

Porque ahora me doy cuenta de que las palabras ayudan a pensar, pero los conceptos son limitados.
Las ideas ayudan hasta cierto punto.
La existencia tiene tantas perspectivas que me disperso.

Y aquí vengo.

El desafío tal vez sea centrarme y concentrarme.
Clavar una señal y trabajar en torno a eso.
Decidir un tema y profundizar.

Hacer.
Método.
Sistemas.
Tomar notas.
Ensayos y errores.
Pensar menos disperso.
Y hacer, hacer, hacer mucho.

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P. D. – Reconozco que lo ejecutivo siempre ha sido mi punto débil. Por eso lo reconozco. Para intentar hacer más.
Teorizar menos.
Probar y hacer más.

Un gran paso ha sido crear mi lista privada de correo.
Lo siguiente es empezar a pulsar con ella.

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Pasa un buen día, sea más o menos esclavo. Creo que eso da igual.