Que sí, que trabajo porque espero resultados, pero eso es peor. El objetivo no es esperar nada, sino vivir el presente con la mejor de las actitudes. Más presencia y menos esperanza. Para que no se me vaya la mente al futuro ni al pasado. Para centrarme en vivir aquí y ahora, con la mejor de las disposiciones. Porque es bueno tener esperanza, pero al mismo tiempo que no sea la única mirada que tenga en la vida para no perderme el presente, que a veces pienso es lo único que existe de verdad.
Lo ideal es eso. Hacer sin esperar.
Hacer generoso, sí, entregarme sin reparo a lo que llega y a lo que tenga que llegar. Todo. Consciente. Sin prisa. Ni pausa. Esa es mi disposición en este momento. Hacer sin miedo. Ni esperanza.
Hacer si esperar al qué. Ni al quién. Ni al dónde ni al cómo.
Hacer sin miedo, ni prisa, ni pausa.
Gracias por poderlo pensar y expresar. Para tenerlo presente. Para que no se me olvide.
Hoy reflexiono sobre algo tan evidente como necesario, en torno al tema voluntad y fuerza de voluntad. Algo que forma parte de esta aventura y que podría ser tan aburrido como débil.
Consistencia.
Constancia.
Coherencia.
Persistencia.
Insistencia.
Repetición.
Yo lo llamaré hacer lo aburrido.
Hacer cosas aburridas. Porque siempre es lo mismo. Repetir lo mismo…
Creo que ahí está la virtud. Repetir hasta la maestría. Repetir hasta trascender. Practicar. Practicar. Practicar.
La vida se repite en ciclos. Da vueltas. Vuelve a puntos parecidos.
Es algo bastante difícil y duro, lo sé, lo siento y lo temo. Pero es lo que es. Entiendo que no tengo más salida que seguir dando caña, dando leña, dando sin parar, aunque sea débil, pero constante.