Día 52 de apetito infinito

Apetencia)))

Día 52 entrenando mi fuerza de voluntad

Hacia qué me inclino.

La cosa va de inclinarme.

Por qué me decido.

De decidir. O decidirme.

Hacia dónde voy.

Qué prefiero.

Preferir.

A qué aspiro.

Desear.

Todo eso me hace pensar en una sola cosa. Escuchar lo más profundo de mi ser. Dejarme llevar hacia donde mis huesos me impulsan. Como una planta. Como un río. Como algo natural.

¿Acaso no habrá ya una tendencia instintiva dentro de mi?

El caso sería reconocerla.

Escucharla.

Escucharme.

¿Acaso que la determinación requiere tanto análisis y preparación?

¿Tan difícil es tener claro lo que quiero?

¿Tan lejos estoy de mi propia puesta en marcha?

Tal vez sea eso lo primero. Aclarar lo que quiero. Aunque primero deba ir sacando lo que no quiero. Porque lo más difícil parece que es precisamente decidir. Preferir. Escoger.

Como una caña cuando crece. Desde la raíz hasta la espiga.

Como un tallo de trigo, siempre mirando al cielo.

Así siento que soy. Así somos.

¿Pero a dónde apuntan mis hojas?

¿Cuál es mi sol y mi cielo?

Si no acierto a ver hacia dónde estoy a mirando, hacia dónde apunta mi vida, puede que la respuesta esté en la raíz. O en el tallo.

Ampliando la mirada.

Abriendo la perspectiva.

¿Qué me encuentro?

¿Qué estoy siendo?

¿Quién o cómo soy?

Vaya preguntas…

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Mañana me respondo)))

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Día 51: Voluntad y noluntad

Lo que quiero, desde lo que no quiero)))

Día 51 educando mi fuerza de voluntad

Sobre noluntad y nolición…

Lo que viene siendo el no querer.

Pero no se trata de ver qué quiero desde lo que no quiero.

Se trata de entender mi voluntad desde la noluntad.

La voluntad, el querer, como intención y como decisión.

Voluntad como apetencia.

¿Tengo que hacer solamente lo que me apetece?

¿O tal vez tendré que hacer que me apetezca todo aquello que quiero cultivar para mi vida?

Mañana pienso un poco más sobre eso del apetecer)))

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Día 50: La soledad no es un problema

Hace unos años vivía en París)))

Gracias a Sarandonga por recuperar la foto. De cuando pasábamos la tarde en el césped de los campos de Marte…

Hasta el anochecer.

Siempre tuve miedo a estar solo.

Siempre aposté por el amor, incluso cuando más necesitaba primero quererme yo, antes que a nadie más.

Y ahora lo veo al revés.

Ya no quiero escapar.

De nada.

Ni de nadie.

Ahora quiero verdad.

Más verdad en mi vida.

Por eso la soledad ahora me parece que es un regalo. Una ventaja que me permite pensar más y mejor. Aunque a veces no me doy cuenta que me pongo excusas y me anestesio sin darme cuenta.

Tal vez por eso, gracias a que practico más la soledad, es por lo que he llegado al tema voluntad.

He concluido que ahí está mi camino. El medio para mis propósitos. Mis metas. Todo eso que digo que quiero.

A ver si es verdad.

Veamos…

Buen día)))

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