Día 126. Toca meditar

Tinta y pincel para garabatos)))

Desde pequeño he probado muchas técnicas de respiración y otras de meditación.

Es todo un mundo.

Como además de sensible soy bastante pragmático… Tan sensible como las alas de una mariposa… Y tan pragmático como… Bueno, muy práctico.

Pues eso, que en mi caso me gusta ir a lo esencial. Soy esencialista, elementarista y semillista.

En temas de meditación la semilla es el wuwei.

Es decir, «sentarme quieto sin hacer nada».

Ya observarás la respiración y todo lo demás. Ahora te quedas inmóvil como un tigre camuflado en la jungla.

Te iré informando con estas pequeñas cartas que hablan de mi voluntad como un músculo consciente. Una práctica. Un estado mental.

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Buen día)))

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Día 125. Medio-miedo o me-dió-miedo

Las flores siempre dan luz)))

De vez en cuando vengo a mi pueblo.

Tengo la suerte de haber tenido una infancia en un pueblo. Será la edad que me hace pensar así.

El caso es que suelo reconectar con mi infancia y con mi fuente.

Esa fuente de la que he bebido desde pequeño. Para bien y para mal. Supongo que para pensar.

Fuente de miedos y creencias.

Fuente de heridas y dolores.

Fuente antigua y esencial.

Raíces del árbol de mi mente. Esas gafas con las que desde pequeño he mirado el mundo no siempre a mi pesar.

Pues bien.

Hay dos miedos.

Dos.

2.

Como dos caras de una moneda.

Hay unos miedos que me paralizan y me frenan. Pensamientos y reacciones que no me aportan nada más que eso, parálisis.

Son los me-dió-miedo.

Miedo al error. Miedo al ridículo. Miedo a molestar. Miedo a brillar… Ya sabes. Limitaciones.

¿Y los otros?

Los otros son medio-miedos.

Es decir, miedos buenos. Miedos que me ayudan a pensar. Son esos miedos que asustan pero que también me impulsan a superarme. Me arrojan adelante como los motores de un cohete. Esos son los que quiero tener.

Miedos no-miedos.

Como el miedo a quedarme siempre en el fango de conformarme con lo mínimo. Miedo a seguir poniéndome límites mentales como el que pone muros en las ventanas de una casa.

Miedos que me impulsan a salir de una trampa mental, esa que no me sirve para nada bueno.

Miedo a no crecer y mejorar, como crece un tallo que se estira hacia el sol. Miedo a ser mal ejemplo para los retoños que vienen creciendo en la familia de sangre y en la familia del mundo.

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Tener miedo es tan normal como tener frío o calor según el clima. Lo que toca es decidir qué miedos son útiles para mí, como una herramienta multiusos… y cuáles no me sirven para nada más que ponerme la zancadilla en el camino de la vida.

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Buen día)))

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Día 124. Pedidos perdidos

Florecillas de la huerta murcia)))

A veces hago pedidos online para que me lleguen cosas a casa.

Muchas veces son libros.

No me justifico.

Y a menudo pienso que es mejor comprar más en las tiendas locales. Porque ya está todo muy conectado y hay de casi todo a nuestro alcance en esta parte del mundo, a ésto que llamamos occidente «desarrollado».

Eso sí. Al menos los alimentos me gusta que sean de proximidad. Lo intento. Ya no es tan fácil.

Y lo demás, artículos varios, en realidad no me hace tanta falta pedirlo para tener que estar pendiente del repartidor. Tengo de casi todo bastante cerca.

Aquí mi inquietud.

Hay algo que me parece demencial.

Me refiero a creer que cualquier objeto brillante en la pantalla es mejor que otro similar que tengo más a la mano. Será que la presentación o la publicidad nos encandila como a borregos obedientes y sabe manipularnos muy fácilmente.

Hasta el punto de normalizar que se nos olvide recoger un paquete o recibir un pedido.

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Buen día)))

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