Cuando alguna no es coherente conmigo o con mi bienestar, le doy vueltas hasta que me favorezca.
Antes de dormir solemos pensar muchas cosas a las que no prestamos atención.
Pues bien, creo que ese momento es decisivo para mi propio subconsciente. Por eso digo que el sueño es el suelo, la madre de la vida en la tierra, lo que coge nuestra raíces y nos alimenta, bioquímica y energéticamente, como a las plantas.
Tan difícil como eso, suele ser tener claro lo que se quiere.
Porque yo sabía que la disciplina dura que castiga, no es lo mío.
Y eso que soy serrano. Es decir, reconozco que tal vez soy un poco más rudo o tosco que otros. Especialmente en lo que atañe a mi forma de ser conmigo mismo.
El caso es que aquí había algo diferente.
Necesitaba entrenar la voluntad, sí, pero de otra manera.
Se trata de mi pequeño manual, bastante técnico, para mi gusto.
Ya está a la venta. Lleva unos días. Ya era hora.
Llevo una venta. Un amigo. Miguel. Gracias.
Por algo se empieza, ¿No? Ja, ja, ja…
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Llevo 60 días con esta aventura de la voluntad.
Los primeros 30 fueron más bien teóricos, incluyendo unas sentadillas mientras se filtra mi café de la mañana. Eso lo sigo manteniendo. Es el mínimo diario que me recuerda lo que estoy haciendo.
Gracias a que me puse con este proyecto.
Entrenar mi fuerza de voluntad.
Gracias a eso, el primer mes tomando consciencia y este segundo accionando el libro que tenía en obras desde hace mucho. Ya está publicado. Pronto en papel también.
Primeros frutos tangibles. Aunque sean digitales. Cibernéticos. Es un pequeño paso adelante. Mi misión va de la risa y otro día te cuento más del Señor de la Risa. Estoy avanzando hacia donde nunca pensé que podría ir, llegar, conseguir, lograr, terminar.
Ya sé que el trabajo empieza ahora. Divulgar el libro. Pero esa es otra historia, que empieza y acaba en este mes de febrero. Tengo que probar y medir. A ver qué sale.