
Día 52 entrenando mi fuerza de voluntad
Hacia qué me inclino.
La cosa va de inclinarme.
Por qué me decido.
De decidir. O decidirme.
Hacia dónde voy.
Qué prefiero.
Preferir.
A qué aspiro.
Desear.
Todo eso me hace pensar en una sola cosa. Escuchar lo más profundo de mi ser. Dejarme llevar hacia donde mis huesos me impulsan. Como una planta. Como un río. Como algo natural.
¿Acaso no habrá ya una tendencia instintiva dentro de mi?
El caso sería reconocerla.
Escucharla.
Escucharme.
¿Acaso que la determinación requiere tanto análisis y preparación?
¿Tan difícil es tener claro lo que quiero?
¿Tan lejos estoy de mi propia puesta en marcha?
Tal vez sea eso lo primero. Aclarar lo que quiero. Aunque primero deba ir sacando lo que no quiero. Porque lo más difícil parece que es precisamente decidir. Preferir. Escoger.
Como una caña cuando crece. Desde la raíz hasta la espiga.
Como un tallo de trigo, siempre mirando al cielo.
Así siento que soy. Así somos.
¿Pero a dónde apuntan mis hojas?
¿Cuál es mi sol y mi cielo?
Si no acierto a ver hacia dónde estoy a mirando, hacia dónde apunta mi vida, puede que la respuesta esté en la raíz. O en el tallo.
Ampliando la mirada.
Abriendo la perspectiva.
¿Qué me encuentro?
¿Qué estoy siendo?
¿Quién o cómo soy?
Vaya preguntas…
.
Mañana me respondo)))
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