Día 125. Medio-miedo o me-dió-miedo

Las flores siempre dan luz)))

De vez en cuando vengo a mi pueblo.

Tengo la suerte de haber tenido una infancia en un pueblo. Será la edad que me hace pensar así.

El caso es que suelo reconectar con mi infancia y con mi fuente.

Esa fuente de la que he bebido desde pequeño. Para bien y para mal. Supongo que para pensar.

Fuente de miedos y creencias.

Fuente de heridas y dolores.

Fuente antigua y esencial.

Raíces del árbol de mi mente. Esas gafas con las que desde pequeño he mirado el mundo no siempre a mi pesar.

Pues bien.

Hay dos miedos.

Dos.

2.

Como dos caras de una moneda.

Hay unos miedos que me paralizan y me frenan. Pensamientos y reacciones que no me aportan nada más que eso, parálisis.

Son los me-dió-miedo.

Miedo al error. Miedo al ridículo. Miedo a molestar. Miedo a brillar… Ya sabes. Limitaciones.

¿Y los otros?

Los otros son medio-miedos.

Es decir, miedos buenos. Miedos que me ayudan a pensar. Son esos miedos que asustan pero que también me impulsan a superarme. Me arrojan adelante como los motores de un cohete. Esos son los que quiero tener.

Miedos no-miedos.

Como el miedo a quedarme siempre en el fango de conformarme con lo mínimo. Miedo a seguir poniéndome límites mentales como el que pone muros en las ventanas de una casa.

Miedos que me impulsan a salir de una trampa mental, esa que no me sirve para nada bueno.

Miedo a no crecer y mejorar, como crece un tallo que se estira hacia el sol. Miedo a ser mal ejemplo para los retoños que vienen creciendo en la familia de sangre y en la familia del mundo.

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Tener miedo es tan normal como tener frío o calor según el clima. Lo que toca es decidir qué miedos son útiles para mí, como una herramienta multiusos… y cuáles no me sirven para nada más que ponerme la zancadilla en el camino de la vida.

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Buen día)))

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