
Inspirado en La Danza (1910) de Henri Matisse
Me obligo.
¿De eso va la voluntad?
No lo sé.
A veces me tengo que obligar.
Es algo personal.
Y al mismo tiempo lo considero vital.
Por eso lo de construir hábitos. Para que no cueste tanto.
Voy a repasar mis motivaciones y mis planes. Para ver qué debo hacer para avanzar hacia mis metas. Para entender los pasos y tareas necesarios para sentir que vivo.
Para vivir con sentido. Que no consentido. Pero de eso hablaré mañana.
Hoy reflexiono sobre el ombligo.
Me apetece poesía…
Ombligo
El ombligo,
un punto
en el plano de la existencia,
vestigio de unión,
la vida que empieza,
algo pequeño,
recuerdo de mi historia,
donde la piel cuenta
un momento de gloria.
Es un lazo que une,
el pasado y el ahora,
un eco de amor
que nunca se evapora.
Esconde preguntas profundas,
sobre el ser y el no ser,
hay respuestas muy hondas.
Simboliza el ciclo eterno,
del nacer al morir,
como un viaje interno.
Cada ombligo es único,
una huella personal,
un recordatorio tangible
de la vida terrenal.
«Me obligo» a salir de mi ombligo
En este camino de la vida,
cuido y afirmo mi paso.
Fuerza de voluntad.
Me doy un abrazo.
Cada día un reto.
Cada día una meta.
Cada día como un faro.
Sueños posibles pero raros.
Obstáculos que me hacen crecer.
Cada dificultad me hace más fuerte.
Vivo con esperanza mirando al horizonte.
No quiero que la vida sea una lucha.
Prefiero que sea luz brillante.
Avanzo sin más remedio.
Aprovecho para más.
Quiero transmutar.
Hacerlo bello.
Algo digno.
Sin más.
Hoy)))
.
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