
Hace años tuve un episodio importante se salud mental.
Tal vez el primero y más grave.
Seguramente no te extraña.
Jaja, jajajá.
Nunca llegaron a atarme, pero si que me invitaron a ir a urgencias. Urgencias de psiquiatría. Para ver cómo me valoraba una extranjera que no me miraba a los ojos.
Lo de extranjera no es peyorativo. Yo también era extranjero allí.
Ocurrió el último año que viví en París. Era el final de una época.
No me ataron, pero de alguna manera, sí que mataron algo. Aquel día murió mi confianza en el sistema.
Hoy lo veo en mi trabajo.
Cualquier enfado se considera un brote. Cualquier discusión es una agresión. A quien tiene una revelación se le trata como enfermedad mental.
Ya no hay espacio para la ira ni para los milagros. La pasión y el deseo se ahogan en nuestra sociedad… ¿Civilizada?
No te puedes confiar, ni en público ni en privado. Siento inseguridad por esa parte.
Es terrible.
¿Y?
¿Qué hacemos, entonces?
Pues adaptarnos.
Como yo me adapté.
Lo justo para sobrevivir.
Sin más remedio.
Hasta hoy.
Que sigo confiando en el amor y en el humor.
Confío en el ser humano, aunque la siga cagando. Cagándola el ser humano y yo.
No me rindo.
Esa es mi victoria.
Otro día te cuento cómo me va con la salud mental.
Buen día)))
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