Heridas lamidas

Dices tú de la pupa.
Del sufrir.
El que pica.
Lo que duele.
Lo mal pasado.
Lo no superado.
Las heridas vivas.
Pasadas y actuales.
Esas que no se cierran.

Hoy las miro.
Siguen abiertas.

Son heridas por causa doble.

Por un lado, alguien me hizo daño.
Por el otro, no me pude defender mejor.
No supe protegerme y hacerme respetar.

Y aquí sigo.
Viendo cómo se curan.
Acariciando y lamiendo mis heridas.
Algunas aún duelen, incluso cerradas.

Este sufrimiento me sigue dando lecciones de vida. Pero todavía me pregunto por qué. ¿Era mi destino? ¿Se pudo haber evitado? ¿Qué le puedo decir a quien lo está sufriendo y no sabe por dónde salir de ahí? Es desesperante.

Hace años salí de aquel agujero negro de energía maltratadora.

A veces me sorprendo maldiciendo a quienes culpé y hasta hago chistes sobre atropellos. Pero me quiero convencer de que la respuesta está en mí. Yo soy responsable de cómo lo encajo en mi vida. Yo decido lo que significa y hasta dónde me define.

Está claro que esas heridas no han sanado.

Pero la vida sigue, claro.
Y las heridas se lamen.
Todo se sigue adelante.
Y yo tengo que cuidarme.

Es necesario que atiendas al dolor, pero no es necesario quedarte en él ni dejar que contamine todo ni que te bloquee o paralice. Es fácil de decir. Aplicarlo o intentarlo es otro cantar. Me gustaría contarte lo que he venido haciendo para recuperarme de aquel infierno. Es mucho y nada al mismo tiempo. He necesitado ayuda.

Si estás en una situación parecida o conoces a alguien que lo está pasando mal, tiéndele una mano. Evita decirle a nadie lo que tiene que hacer. Es mejor acompañar y respetar. Aunque solamente sea para que sepa de tu presencia. Para mí ha sido vital.

P. D. – https://antonreina.activehosted.com/f/1